Editorial

La lección omitida

13/03/08 |

Cuando comenzó el año lectivo 2008 destacamos el hecho que luego de varios años la actividad áulica entrerriana se iniciaría sin conflictos, sin sobresaltos, lo cual era un hecho por demás auspicioso. Al celebrar el regreso a las aulas con entera normalidad hicimos votos, a la vez, para que el año lectivo transcurra en un clima armonioso entre el Estado y la conducción docente. Pedíamos que los gobernantes siguieran avanzando en sus propósitos de dignificar al educador contemplando sus reales necesidades, y a la vez pedíamos a los maestros austeridad para ser contemplativo a la hora de pedir a los alumnos textos y útiles para no someter a los hogares a problemas que podrían llegar a ser en muchos casos, insolubles. A un mes de actividad áulica, debemos decir que se han cumplido sólo en parte nuestros deseos porque de acuerdo a comentarios recogidos entre algunos padres diera la impresión que la austeridad a la hora de solicitar cosas es lo que está faltando. Nos mueve a esta reflexión el hecho de conocer ciertos casos puntuales. Por ejemplo, nos consta que al requerirse determinado manual se ha exigido el de última edición, con el mismo, exacto, contenido de los nuevos hay maestras que lo rechazan. Reiteramos: se trata de la primera lección omitida en el aula, como es la de evitar exponer a padres y alumnos a situaciones francamente odiosas que, en el fondo, llegan a ser discriminatoria, cuando lo lógico sería aceptar que se estudie con material que simplemente responda a la currícula áulica. No nos resulta grato ni agradable tener que mencionar prácticas escolares que creíamos eran cosas del pasado pero que, por lo visto, resultan difíciles de ser desarraigadas del ámbito de las aulas, razón que nos lleva, una vez más, a no someter a los chicos a tener que competir entre ellos para establecer quien dispone del mejor material didáctico. Tal vez se trate de hechos aislados, pero aun así nos parece que son hechos que no contemplan la realidad en que vivimos, realidad que nos revela que la única exigencia en el aula debe ser la sana inclinación al estudio para que sean mejores cada día los saberes sin depender tanto de que los textos o libros sean más antiguos o más contemporáneos.
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