Editorial

26 años de democracia

30/10/09 |

Tal vez no sea el sistema perfecto en la éjida humana, pero de lo conocido es lo mejor. Aunque siempre perfectible, se convendrá que la democracia es el sistema que le permite al hombre realizarse plenamente, comenzando por concederle a la libertad el valor que realmente tiene. Es por esta razón que hoy le adjudiquemos la importancia que tiene el hecho de que Argentina esté celebrando en este 30 de octubre 26 años de democracia, recuperada después de un prolongado oscurantismo de gobiernos de facto en la que la soberanía popular se mantuvo fuera de la voluntad de sus ciudadanos. Después de muchos avatares, no pocos de ellos penosos, lamentables, recuperamos la democracia que, como ocurre siempre, ha debido soportar muchos escollos y fisuras por culpa de aquellos que en lugar de servirla quisieron usar a la misma en provecho propio soslayando esa regla de oro que nos intima preservar y defender el bien común. Por eso en estos veintiséis años debimos convivir con ciertas crisis que algunos supusieron eran terminales, a punto tan que desde el 200l al 2003 era un rugido aquel clamor que exigía que SE VAYAN TODOS. Es que habian vuelto a la Argentina los viejos fantasmas que hacían temblar las paredes con la inconducta de los corruptos que pretendían, y aun hoy lo siguen haciendo, convertir a la democracia en un botín personal o de grupos de dirigentes providenciales. No obstante algunos estragos que han surgido de la incompetencia de dirigentes que no han sabido (¿o no han querido?) reorientar la vida republicana a través del buen ejemplo ciudadano, de la honestidad y la decencia. Pese a estar bajo el azote de una corrupción que no modera sus apetitos de poder, su excesos, su pertinacia en acotar las libertades públicas, estos veintisésis años sorprenden a nuestra democracia erguida, de pie, sobre una moral que no está dispuesta a que la canjeen por espejitos de colores. Por eso el rechazo al NO DEBATE, al innoble ejercicio de amordazar a los que piensan distinto al poder de turno. NO transar con el autoritarismo es el mejor homenaje que le podemos hacer a aquellos hombres y mujeres que se jugaron para ser demócrata no sea un simple sustantivo sino una forma de vida elegida libremente sin depender a meros capataces de estancia.
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