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Entrevista a Patricio Álvarez Daneri
14/01/11 |“En Gualeguaychú tiene valor el ser de cada persona y no tanto lo que tiene cada uno”
Si bien sus padres eran oriundos de Paraná, sus orígenes se remontan a don Antonio Daneri que no sólo fue el primer intendente electo de la ciudad, sino que en su descendencia también se encuentra el doctor Patico Daneri, el primer pediatra que conoció esta comunidad.Un bulevar de nuestra ciudad lleva su nombre.
Casado con Carmen Veronesi, Patricio Álvarez Daneri tiene dos hijas: María Magdalena y Juliana. De profesión agrimensor, cada viajero que se orienta con la cartografía del GPS del proyecto Mapear lo hará gracias a su aporte, y su talento también se puede apreciar en el blog La ciudad y su gente.
El agrimensor ejerce el “arte de medir”. Así, la agrimensura puede ser considerada como una rama de la topografía destinada a la delimitación de superficies, la medición de áreas y la rectificación de límites. En la actualidad la comunidad científica la reconoce como una disciplina autónoma, es decir, con estatuto y lenguaje específico, que estudia los objetos territoriales a todo escala.
Los documentos que produce un agrimensor permiten establecer planos, cartas y mapas, que luego son indispensables para marcar los límites y alcances de una propiedad. Pero es algo más que eso, porque se trata de una profesión que se nutre de la topografía, pero también de la geometría, de la ingeniería, de la trigonometría, de las matemáticas, de la física, del derecho, de la arquitectura, de la historia, de la computación y en la actualidad de la tecnología satelital.
Es imposible pensar el entorno humano sin el agrimensor. De hecho, desde la edad más temprana de la humanidad, la planificación y ejecución de casi toda forma de construcción requirió del agrimensor, del hombre que ejerce el arte de medir. En el caso de Álvarez Daneri, además le agrega –por vocación- el alma del territorio al rescatar los vecinos que han protagonizado la historia local y al registrar los sucesos que forman parte de una memoria colectiva.
A pesar del cambio que implicaron los pasos de la escuadra al uso del satélite, los principios básicos de la agrimensura han cambiado muy poco a lo largo de los siglos, aunque los instrumentos utilizados por los agrimensores han evolucionado de manera insospechada.
Conocedores como pocos del álgebra, del cálculo básico, de la geometría y de la trigonometría, los agrimensores también deben conocer las leyes que regulan los catastros, la propiedad y los contratos.
Quien hoy usa un GPS con la cartografía del proyecto Mapear, se orientará en la ciudad y en la región gracias al aporte desinteresado de Patricio Álvarez Daneri.
Su talento implica saber utilizar los delicados instrumentos con precisión. En eso, es un maestro y por eso no habla exclusivamente de la agrimensura, sino del amor por su terruño que lo descubre a través del ejercicio de su profesión.
“La primaria la realicé en la Villa Malvina. Íbamos en el colectivo de Peverelli, porque en aquellos años la Villa quedaba lejos. Me acuerdo hasta los pozos que había en Primera Junta, frente a la casa de la familia Carbó y que estuvo durante toda la primaria. La secundaria la cursé en el Pío XII y formé parte de la primera promoción de 1971. De esa promoción salieron dos curas: Jorge Almeida y Rubén Melchiori y el médico Horacio Altuna. Éramos nueve compañeros. En 1977 me recibí de agrimensor en la Universidad de La Plata. Y desde entonces tengo un gran sentimiento de gratitud hacia mi ciudad”, dirá este agrimensor que gracias a su talento hoy permite orientarse en un GPS.
-¿Se recibe y se viene a la ciudad?
-No. Tenía pendiente el servicio militar obligatorio y en 1978 me envían a hacer el servicio militar a Formosa, no como soldado raso sino que me destinan a la Gobernación. Era profesional y en aquellos años se necesitaban agrimensores en Formosa y tuve una experiencia muy fecunda. Al principio me destinaron al Instituto Provincial de la Vivienda, lo que me permitió conocer en profundidad esa provincia. Luego me destinaron al Parque Industrial que estaba en construcción. En 1980 termino el Servicio Militar y me radico en Gualeguaychú. Comienzo a trabajar, casi de inmediato, en mi profesión de agrimensor.
-¿Se dedicó de lleno a esa profesión?
-Sí, aunque rápidamente gracias a una convocatoria que me formula don Enrique Castiglioni. Su generosidad fue clave, porque me permitió incorporarme a la Corporación del Desarrollo y colaborar en el Parque Industrial. Ahí iniciamos, más o menos en 1982-1983, un trabajo muy interesante a través de la Comisión de Planeamiento Urbano. Creo que fue una de las experiencias más ricas y concretas que hubo en la ciudad en materia de planificación urbana. Luego, representé a la Corporación en el Consejo Consultivo de Planeamiento. Por eso soy un eterno agradecido a don Enrique, porque siendo yo un profesional muy joven, con poca experiencia si se quiere, él me dio un lugar que me permitió aprender y crecer.
-Lo habitual es relacionar al agrimensor con la propiedad. Sería interesante reflexionar sobre la pertenencia, es decir, sobre la identificación territorial. Porque el territorio nos ordena.
-El hecho de la agrimensura tiene la gran ventaja de trabajar en el gabinete y con la medición, pero también permite conocer muchos rincones de la ciudad y valorar el terruño. Esta profesión me permitió conocer la casa grande, la ciudad que habitamos, donde no sólo vivimos sino esencialmente convivimos. Conocer nos permite amar.
-¿Cómo surge su idea de identificar las calles de la ciudad y de hacer a través de su blog un reconocimiento a la historia local que enriquece la memoria grande de los vecinos?
-Pienso que proviene de un profundo agradecimiento a nuestros mayores y es un tributo a los conciudadanos contemporáneos. Claro que lo primero viene de los recuerdos. Y el hecho de haber integrado esa Comisión de Planeamiento Urbano, de haber estado en el Consejo Consultivo, de haberme impregnado, en definitiva, de una visión y una perspectiva más amplia, me llevó no sólo a querer a mi ciudad sino a comprometerme aún más con ella. A medida que más la conozco más la amo y a medida que más la amo, más me doy cuenta que tengo necesidad de ser recíproco, de retribuir todo lo que ella me ha dado y me ha permitido. La ciudad me llenó y me llena de vida.
-Recorriendo su blog he sentido nostalgias de historias que no he vivido…
-Le agradezco la consideración. Porque la idea del blog fue siempre permitir que se conozca cada vez más y mejor a la ciudad. Me pasa lo mismo cuando los jóvenes me envían mensajes a través del blog y eso me llena de orgullo, porque transmiten la necesidad de conocer la historia de su pueblo que fue protagonizada por los propios vecinos. Que ellos encuentren en su ciudad su propia identidad, un pasado en común y motivos de orgullo es ya toda una tarea satisfactoria. Además, les genera un sentido de pertenencia y eso les permite amarla y comprometerse aún más. El objetivo es no perder los rastros de aquellos vecinos que de alguna forma fueron pujantes y hoy nos marcan el camino a seguir.
-Su blog se llama la ciudad y su gente. ¿Por qué?
-Porque intento rescatar esas historias que tuvieron a la ciudad como comunidad, y a su gente como sociedad, a los grandes protagonistas de las cosas que podemos disfrutar hoy. No concibo una ciudad sin gente y tampoco a personas sin comunidad.
-Su otro aporte, menos visible pero tal vez más contundente, es con el GPS. Cualquier viajero que se oriente hacia o en la ciudad, lo hará porque usted brindó los mapas para ello.
-El tema de los GPS es mi otra gran pasión. Primero lo incorporo como herramienta indispensable hoy en día para mi profesión y luego se sociabiliza a través de brindar una herramienta que permite la ubicación y la orientación para quienes viajan o se trasladan de un punto a otro. He aportado a la cartografía de los GPS a través del proyecto Mapear, que es un espacio colectivo de muy alta calidad profesional, pero donde todos ponen sus talentos y su saber al servicio de los demás y de manera honoraria. Incorporar la cartografía en los GPS es esencial, porque sin ello una ciudad sería un punto en el mapa sin mayores referencias.
-Hasta que usted la dibuja, la cartografía de la ciudad estaba demasiado incompleta.
-Así es. Por eso me puse a dibujar, a relevar mucha información y la sistematizo a través del proyecto Mapear, que –insisto en el concepto- es un espacio colaborativo donde cada uno dona su tiempo de manera gratuita para el servicio de los demás.
-¿Cuántos miembros tiene Mapear?
-Actualmente seremos aproximadamente 500 mil, solamente en Argentina. Y todos colaboran para mejorar la cartografía del país. He relevado todas las calles para dibujar su trama vial y esa información se la aporto al proyecto Mapear, ellos la toman y la incorporan a la cartografía para ser distribuida de manera gratuita entre todos los usuarios. Para tener una idea aproximada, el proyecto Mapear tiene 500 mil miembros pero los usuarios son imposibles de contabilizar.
-El turista que llega a la ciudad guiado por el GPS, lo hace gracias a esos aportes…
-Sí. Me paro a veces en la vereda y veo transitar por la calle a un vehículo con GPS y me lleno de orgullo. Porque es así: la cartografía que lo orienta fue realizada por mí. Y siempre digo que una ciudad que hoy en día no esté incorporada a los mapas de GPS, pasa desapercibida. Una ciudad que se precie de turística no puede ni debe soslayar esta herramienta y para ello necesita de una cartografía completa. Pero quiero decir algo importante: la historia de la ciudad está llena de gestos de vecinos que dieron lo mejor de sí para que sus contemporáneos y las generaciones venideras vivieran mejor. El frigorífico, el Parque Industrial nacieron con el aporte de vecinos que dieron su tiempo y lo mejor de sí mismo. Esa historia la vemos en los clubes deportivos, en las instituciones educativas, culturales, intermedias. La propia Asamblea Ciudadana Ambiental ha heredado parte de ese espíritu de defensa de los intereses generales de la población. Gualeguaychú es así y eso la distingue. Gualeguaychú es creativa, activa y muy generosa. Y hay que responderle de la misma manera, porque nos da sentido de pertenencia e identidad. ¡Cuántos vecinos de manera desinteresada dieron lo mejor de sí para que disfrutemos de esta ciudad! Debemos ser agradecidos y debemos ser recíprocos. En Gualeguaychú tiene valor el ser de cada persona y no tanto lo que tiene cada uno. A pesar de que los tiempos cambian, ese valor del ser por encima del tener aún prevalece y es una esperanza y una condición al mismo tiempo.
-Los geógrafos, pero especialmente los cartógrafos, dicen que es imposible hacer un mapa exacto.
-Es así. La vez pasada medí unos potreros en un campo y le dije al peón: aquí está el plano, es preciso pero no es exacto. Precisión y exactitud son dos términos que pueden dar una misma imagen, pero en rigor son muy diferentes.
-La cartografía del GPS está destinada para el forastero, para el extraño…
-En la superficie puede aparecer esa imagen, porque uno concluye que el vecino de la ciudad no necesita un mapa para orientarse en ella. Sin embargo, hay otro aspecto de los GPS que está vinculado con la función social. Por ejemplo, si se tienen todos los barrios y rincones relevados, si se tienen todas las calles con nombres o en el peor de los casos denominadas con números, le permitirá a una ambulancia, a un camión de los Bomberos o a cualquier servicio de emergencia, acudir con la menor demora posible. Y esos pocos minutos que se ahorran permiten salvar vidas. No es una exageración, es una situación que en estos momentos puede estar produciéndose. Eso es esencial. Por eso es muy importante que en todo municipio, todas las calles tengan un nombre o un número. No puede existir en el siglo XXI una calle pública y un domicilio sin número. Esa denominación no es un capricho, sino una referencia que da identidad social, barrial, cultural e incluso histórica. Lo peor que puede pasar en una planificación urbana es que sigan existiendo calles públicas. Esa es una deuda que tiene la ciudad con sus hijos.
-Las personas habitamos un paisaje, pero también hay un paisaje que nos habita. Lo mismo ocurre con la ciudad…
-Exactamente. Mi paisaje urbano lo tengo aquí cerca. Mi infancia transcurrió en Urquiza y España y todavía recorro esas veredas y me encuentro con las mismas baldosas de mi niñez, cuando las transitaba en bicicleta. Me conmueve. Ese paisaje me es familiar, es un punto de referencia vinculado con las emociones. Por eso, el punto más importante en toda travesía es el que marca el regreso.
-Junto con la necesidad de demarcar las propiedades, también es importante la construcción de los espacios colectivos y públicos.
-Son esenciales para la vida en sociedad. No hay comunidad si antes no hay espacios comunes. Cuando trabajábamos en la Comisión de Planeamiento Urbano se tomó conciencia, por ejemplo, de meter en la ciudad una lengua de espacio verde y así nació la Avenida Parque, recuperando un espacio que antes lo marcaba el ferrocarril. Todo el corredor ferroviario dividía a la ciudad de las vías para un lado y de las vías para el otro. Hoy la Avenida Parque integra, no divide. Fue clave el momento en que planteamos la necesidad de levantar las vías férreas, justamente para integrar la planta urbana y al mismo tiempo dotar a la ciudad de más espacios verdes. Y esto fue importante, porque una de las debilidades de Gualeguaychú es que posee muy pocas plazas. Por eso la Avenida Parque cumple una función hasta ambiental muy importante, al tiempo que transformó un terraplén que dividía en un camino que une y vincula.
Por Nahuel Maciel
Fotografías Ricardo Santellán
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