Columnista Invitado - Opinión

Cuidar la vida en la Villa

29/10/11 |Por monseñor Jorge Lozano (*)

Con ocasión del “Año de la Vida” hay muchos testimonios hermosos que nos ayudan a valorar este gran regalo que Dios nos hace: la vida. Un sacerdote que vive en una Villa de emergencia nos acercó algunos relatos de mujeres que la pelean desde situaciones de pobreza. Afianzadas en la sabiduría popular de sus madres y abuelas, reman contra corriente con un firme compromiso para cuidar la vida con un respeto sagrado.
Les acerco algunas historias reales compartidas por este sacerdote.
“Miremos a esas chicas que, aunque muy jóvenes y muy pobres, han decidido tener a sus hijos. Por ejemplo aquella joven que trabajaba en el servicio doméstico de una familia con un buen pasar económico y que, al contarle a su patrona de su embarazo, le propuso ‘sacárselo’ a condición de perder el trabajo. Escuchemos la respuesta sabia de esta mujer: ‘señora, siempre fui pobre, nunca tuve nada y usted me quiere sacar lo único que es mío’. Y así, con una lágrima sagrada y manteniendo íntegra y fuerte su dignidad de mujer, dejó aquel trabajo y quedó sola sin nada ni nadie, en la calle. Hoy ha encontrado un lugar para vivir y tiene a su hijo con ella; lo deja en una guardería y trabaja todos los días. Su sonrisa brilla, su corazón se agiganta cuando sabe que va llegando a su casa y que su hijo la espera para agradecerle el simple hecho de vivir.
Pensemos en esa adolescente de sólo 14 años que, habiendo quedado embarazada de su primer noviecito, decide encarar a sus padres para contarles y recibe gritos, acusaciones y reproches. Con dolor en su alma de niña escucha de ellos mismos la propuesta atolondrada y alienante de ‘quitarse el bebé’. La niña con corazón de madre, sintiendo que el mundo se desmorona sobre sus hombros, grita dejando salir ese rugido feroz y maternal: ‘aunque tenga que tener a mi hijo en la calle, yo quiero tenerlo’. Sin duda que aquel coraje de madre primeriza hizo sufrir mucho a los padres quienes hoy, mirando a su nieto, le piden perdón a Dios por haber pensado en aquella siniestra posibilidad.
Pero miremos también a esa chica de 23 años; trabajadora, estudiosa y criada en una familia numerosa tan pobre como digna en su vivir. Ella viene transitando un noviazgo largo y desgastado de años con un muchacho igual de bueno, honesto y sacrificado que ella. Queda embarazada y ella siente que su relación de noviazgo no está preparada para fundar una familia entonces empieza a morder en su conciencia la idea de abortar. Este pensamiento cobra cada vez más presencia en su interior y va conquistando su libertad. Empieza a preparar el escenario económico y a disponer la organización para concretar la decisión; todo parece estar aparentemente acomodado. El maquillaje de sus justificaciones ha dejado sedada su conciencia y ha anestesiado toda su maternidad; la pulseada parece haberla ganado la falsedad de sus argumentaciones egoístas.
Sin embargo, un día mira un bebé en brazos de su madre mientras viaja a su trabajo y de pronto aflora en su corazón todo un mundo de recuerdos y sentimientos muy vinculados a la vida, a la familia y a la fe en la que ha crecido. El motor interior de su memoria espiritual le da fuerzas para repensar su decisión, se acerca a su madre, lo comparte con ella y al decirlo reconoce la gravedad de la decisión que está tomando y entonces se desarma en un llanto profundo y desconsolado. Gracias a Dios esta mujer llegó a tener su hijo, hoy lo cría con su marido y piensan en tener muchos hijos más; la crisis de su noviazgo era quizá no animarse a formar una familia; gracias a Dios pudo escuchar su corazón de madre y dejarse conducir por ese hijo hacia la paz.”
La vida se cuida a brazo partido en los barrios más pobres del país. Pidamos a Dios conceda fortaleza a esos corazones maternales. Gracias, padrecito, por compartirnos estos testimonios tan profundos

(*) Monseñor Jorge Eduardo Lozano es obispo de Gualeguaychú y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social.


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