Buen día

Juegos para todos

Así como en varias ocasiones EL ARGENTINO se ha ocupado de la obligación de los comerciantes de disponer de vestimenta en todos los talles, cumpliendo así con la Ley que establece que deben poder satisfacer todas las demandas, hoy esta columna hará referencia a otra necesidad, también relacionada con el sobrepeso pero con especial incidencia en la infancia.
Podría parecer un tema menor, pero resultó doloroso ver una nena intentando hamacarse y no poder hacerlo porque no cabía en las hamacas de la Plaza Urquiza.
Tampoco pudo deslizarse por el tobogán, porque su contextura sobrepasaba las limitaciones de esta estructura.
No ha de ser muy difícil implementar junto a las que están una o dos hamacas de dimensiones amplias y tampoco aumentar un poco la capacidad del tobogán.
En tiempos en que se cuenta con orgullo la disposición de juegos que hacen a la inclusión, tomar esta referencia será un paso adelante y la forma de evitar que chiquitas como esta se retiren frustradas de un lugar público por no poder jugar como los demás chicos de su edad, por el sólo hecho de que nadie pensó en los problemas que trae el sobrepeso para quienes lo padecen.

Intolerancia

De un tiempo a esta parte se palpa en la sociedad en su conjunto un alto grado de intolerancia. Y aquí no se hace referencia a los casos de inseguridad, en los que tampoco se justifican las reacciones violentas pero se sabe que son situaciones que llevan al límite de lo tolerable a las personas.
Sino que se habla de la intolerancia para quien tiene una ideología diferente. La intolerancia para quien piensa distinto, para quien profesa otra religión o cree en otras cosas y hasta intolerancia para quien tiene un gusto diferente. También la intolerancia para con determinadas situaciones.
Para definirlo de manera sencilla y breve se puede decir que la intolerancia es la incapacidad de aceptar las opiniones o ideas de los demás, cuando éstas no coinciden con las propias.
Pero la cuestión se torna preocupante cuando se pierde la conciencia de que es normal que no todas las personas comparten las mismas ideas y más aún, cuando como consecuencia de la intolerancia se discrimina, se repudia e incluso se agrade física o verbalmente, en los casos más extremos.
Y, la pregunta que surge es ¿qué nos pasa como sociedad para que haya tal nivel de crispación? ¿Qué sucedió para abandonar los caminos del debate, del diálogo y en último caso de la aceptación y pasar directamente a los insultos o a los golpes?
Cuestiones que merecen un debate y que también merecen ser pensadas de manera individual, de modo tal de comenzar a desandar ese camino que se comienza a transitar.