Editorial

La lucha contra la trata

La División Trata de Personas de la Policía de Entre Ríos viene realizando una tarea enorme para enfrentar el flagelo de la esclavitud, especialmente la vinculada con la prostitución.

Si bien está claro que la lucha contra la trata de personas también comprende la explotación laboral, la servidumbre, el trabajo esclavo y el trabajo infantil, entre otras prácticas, el cierre de los prostíbulos es una medida importante en este campo. La información oficial reconoce que cuando se creó la División Trata de Personas en 2008, había en la provincia 102 prostíbulos y con la colaboración de muchos Municipios –entre ellos Gualeguaychú y Pueblo General Belgrano- más la implementación de la ley sancionada oportunamente, ahora se cerraron todos.
Entre Ríos puede decir por el momento que es una provincia –en rigor, la única del país- que está libre de prostíbulos; pero no hay que confundirse porque ello no significa que esté libre de prostitución y trata.
Claro que fue un avance, porque se sabe que detrás de la prostitución, que ya es una práctica repudiable, se encuentran delitos conexos como el narcotráfico.
Históricamente, siempre se sospechó que la prostitución era parte de una “caja” que alimentaba a la Policía y al sector político. Por eso es importante señalar esta vocación por cerrar todos los prostíbulos, dado que es necesario mensurar los intereses que dicha decisión debió enfrentar.
De la misma forma, si ahora aparecen nuevos prostíbulos se estará directamente violando la ley vigente. Por eso los expertos en la materia advierten que cerrados estos lugares hay que estar atentos a la transformación que experimentará esta actividad, justamente para evitar nuevos dolores en el alma de la sociedad y de sus víctimas.
La trata de personas reviste muchas formas diferentes. Es dinámica y se va adaptando al igual que otras actividades delictivas. La constante es burlar todo esfuerzo de prevención.
No hay que olvidar que la trata de personas debe entenderse como un proceso más que como un delito aislado. Puede empezar con el rapto o la captación de una persona y continuar con el transporte del individuo a otro distrito y su entrada en él. A ello le sigue la fase de explotación, durante la cual la víctima se ve sometida a una servidumbre sexual o a otras formas de explotación. Y no hay que olvidarse de la fase del blanqueo del producto del delito. Al respecto, sería interesante que alguna vez la Justicia pudiera avanzar en la desarticulación de la red financiera de “la red de trata”. Una persona bajo explotación, incluso un comercio de explotación es fácilmente reemplazable para esta clase de delitos. Lo que no es reemplazable es la cuenta bancaria. Apuntar al blanqueo de estos fondos, es un paso necesario que hay que dar.