Editorial

Crecimiento del narcotráfico

El narcotráfico sigue creciendo como actividad en el país y ninguna provincia puede decir que está exenta de este flagelo.

La expansión de este siniestro negocio ilegal se debe a varias causas. En lo interno –que es lo que interesa aquí- es que el narcotráfico encuentra a las instituciones demasiado debilitadas, se aprovecha claro está de una red de corrupción que embarga a casi todas las instituciones de la República, las fuerzas policiales y de seguridad que están para combatirlas tienen personal que son cómplices de esas actividades y un sistema judicial demasiado perezoso, además de unas leyes que ofrece penas demasiado leves para semejante mal. Eso no es todo, también hay que reconocer que existe una comunidad que todavía no ha abordado este tema con la responsabilidad que amerita y por eso tampoco se involucra como debería. Es más, gran parte de la sociedad hasta presenta cierta actitud tolerante con algunas drogas como la marihuana, como si hubiera alguna droga más buena que otra y lo mismo pasa con el alcohol, cuya tolerancia también es inadmisible.
Pero volviendo al crecimiento industrial del narcotráfico, es urgente que se adopten otras formas de combatirlo, teniendo en cuenta que las autoridades nacionales y buena parte del espectro político –como de la sociedad tal como ya se apuntó- parecen asumir una actitud de ignorar este flagelo o al menos de no enfrentarlo en la misma proporción del drama que representa.
Si se habla de una expansión del narcotráfico entonces hay que coincidir que falta reacción por parte de las autoridades y que las propias instituciones o gran parte de ellas están corrompidas.
Saber que la droga está aquí y no hacer nada o no hacer todo lo que se tiene que hacer es destructivo.
El problema es enorme en su dimensión institucional. No sólo es el tener fronteras prácticamente desprotegidas –lo que ya es muy grave en sí mismo- sino que se requieren reformas estructurales de fondo. Un solo ejemplo será ilustrativo de esto: los partidos políticos deben blanquear por ley no sólo el destino de los fondos que reciben, especialmente en campaña electoral, sino su origen. No tener la obligación de explicar el origen de esos fondos es darle demasiadas oportunidades al narcotráfico, en un país que a su vez no tiene demasiados controles para detectar el origen de los capitales. Y junto con esto todavía no se ha hecho una depuración de las fuerzas de seguridad como corresponde. Pero eso no es todo: en el Poder Judicial no se puede consentir errores infantiles y elementales que luego terminan viciando los procedimientos y con ello los narcotraficantes obtienen impunidad.
Además, hay que tomar conciencia que cuanto más tiempo pase antes de afrontar de manera integral el flagelo del narcotráfico, más tiempo y recursos demandará combatirlo. Incluso ya hay que reflexionar que ante este tema se llega tarde, mal y con demasiadas debilidades.
Como ya se expresó, el problema del narcotráfico es enorme e integral. Otro ejemplo de las falencias es que todavía el gobierno sigue demorando el nombramiento de los poco más de veinte cargos vacantes en la esfera de la Justicia Federal, lo que implica dejar sin cobertura a provincias sensibles a este flagelo como Jujuy, Salta, Tucumán, Chaco, Formosa, Catamarca y Santiago del Estero.
Si la expansión de las adicciones afecta la salud de los ciudadanos, hay que convenir que la expansión del narcotráfico afecta la salud de la República y con ella de las instituciones. Por eso se está frente a una situación que tampoco puede ser resuelta por un único gobierno, sino que se requiere de una política de Estado que involucre de manera comprometida al conjunto de la sociedad. En esto tampoco se está avanzando y por eso avanza este crimen organizado.