Editorial
La economía social
Se dice “economía social” para señalar a aquellos sectores de la economía que comprende a las empresas cooperativas, las mutuales y las asociaciones que cumplen alguna actividad económica, poniendo en la base, en el centro y en el horizonte de su accionar al propio hombre.
Algunos teóricos sostienen que es redundante sostener el concepto de “economía social”, dado que toda la economía tiene un sentido estrictamente social.
Sin embargo, resulta relevante poder caracterizar mejor a las actividades económicas, que están basadas en la asociación de personas en entidades democráticas y participativas, con primacía de las aportaciones personales y de trabajo sobre el capital.
En este marco se puede asegurar que la “economía social” está llamada a aportar la ética que se requiere para fortalecer la inclusión en una sociedad y transformar lo que se denomina crecimiento en desarrollo.
Para eso, la finalidad de la economía social no es maximizar sus beneficios de manera individual o aislada, sino poner esos beneficios al servicio de sus miembros y de la comunidad.
Hay hechos que deben estar como prerrequisitos: primero la condición de necesidad de sus miembros. Esto permite afirmar que la economía social es una respuesta a las agudas necesidades de un grupo de gente. O como bien lo enseña el saber popular: la economía social es “hija de la necesidad”. Y el segundo prerrequisito es la cohesión social. Dado que la economía social siempre es apoyada por la identidad colectiva de un movimiento y de una comunidad.
No se trata de plantear que la economía cooperativa o la asociativa sea la solución a todos los males. Pero sí es urgente valorizar su existencia porque constituye una formidable herramienta de cambio y transformación de la sociedad y en un mundo en permanente transición.
Gualeguaychú tiene diversas y exitosas experiencias de progreso al calor de las cooperativas y de las actividades asociadas con sentido solidario. Este año, Naciones Unidas dedica su calendario a las cooperativas y a la economía social. Una formidable plataforma para que la ciudad sea el centro de diversas actividades cooperativas, que a su vez inspire nuevas fortalezas para sus propias instituciones.
En un mundo globalizado, que tiende a la concentración del poder y de la riqueza, debe visualizarse otro que evite las soluciones individuales o el tan dañino “sálvese quien pueda”. Para ello nada mejor que la economía social, cuya experiencia de transformación será vital para que la comunidad no pierda el sentido de ser su propia arquitecta a la hora de construir su propio destino. Para ello se deben asumir protagonismo, siempre colectivos y solidarios.
La economía social es un componente fundamental de nuestra sociedad y una formidable herramienta para construir –junto con los poderes públicos- una sociedad plural, más participativa, democrática y solidaria.
El desafío de estos tiempos no son de carácter económico, sino político, social y profundamente ético.
Sin embargo, resulta relevante poder caracterizar mejor a las actividades económicas, que están basadas en la asociación de personas en entidades democráticas y participativas, con primacía de las aportaciones personales y de trabajo sobre el capital.
En este marco se puede asegurar que la “economía social” está llamada a aportar la ética que se requiere para fortalecer la inclusión en una sociedad y transformar lo que se denomina crecimiento en desarrollo.
Para eso, la finalidad de la economía social no es maximizar sus beneficios de manera individual o aislada, sino poner esos beneficios al servicio de sus miembros y de la comunidad.
Hay hechos que deben estar como prerrequisitos: primero la condición de necesidad de sus miembros. Esto permite afirmar que la economía social es una respuesta a las agudas necesidades de un grupo de gente. O como bien lo enseña el saber popular: la economía social es “hija de la necesidad”. Y el segundo prerrequisito es la cohesión social. Dado que la economía social siempre es apoyada por la identidad colectiva de un movimiento y de una comunidad.
No se trata de plantear que la economía cooperativa o la asociativa sea la solución a todos los males. Pero sí es urgente valorizar su existencia porque constituye una formidable herramienta de cambio y transformación de la sociedad y en un mundo en permanente transición.
Gualeguaychú tiene diversas y exitosas experiencias de progreso al calor de las cooperativas y de las actividades asociadas con sentido solidario. Este año, Naciones Unidas dedica su calendario a las cooperativas y a la economía social. Una formidable plataforma para que la ciudad sea el centro de diversas actividades cooperativas, que a su vez inspire nuevas fortalezas para sus propias instituciones.
En un mundo globalizado, que tiende a la concentración del poder y de la riqueza, debe visualizarse otro que evite las soluciones individuales o el tan dañino “sálvese quien pueda”. Para ello nada mejor que la economía social, cuya experiencia de transformación será vital para que la comunidad no pierda el sentido de ser su propia arquitecta a la hora de construir su propio destino. Para ello se deben asumir protagonismo, siempre colectivos y solidarios.
La economía social es un componente fundamental de nuestra sociedad y una formidable herramienta para construir –junto con los poderes públicos- una sociedad plural, más participativa, democrática y solidaria.
El desafío de estos tiempos no son de carácter económico, sino político, social y profundamente ético.
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