El observatorio

La inseguridad de la que no se habla

26/09/14 |Muchas y diversas son las calamidades que asuelan la vida de los argentinos. Es el tema constante y casi obsesivo que preside las reuniones familiares, las charlas en las oficinas, en los “coloquios” improvisados de las clásicas mesas de café, incluso en cualquier esquina barrial, y últimamente en los programas radiales y televisivos, con la única excepción de 6,7, 8 y en el programa del oráculo de Olivos que obsesionados con Magnetto

Hoy, en Argentina, la vida vale poco. Se mata por gusto, por el simple placer de arrebatar la vida al otro y a todos los demás. Es como, si de pronto, se hubiera restablecido la ley del Talión, la que un hombre hace más de dos mil años vino a abolir para implementar en el mundo la REVOLUCION DEL AMOR…
¿Qué sucedió desde entonces a ahora? No es fácil responder a la pregunta, extraviado como está el hombre, negándose asímismo y a Aquél que le regaló la vida. Alguien podrá argumentar que el ser humano es víctima del maligno y prisionero del MAL. Todo puede ser, pero, la verdad sea dicha, nadie, hoy, podría siquiera amortiguar la angustia diaria de ver cómo en este país, que alguna vez se lo identificó como “la patria bendita del pan”, haya tanto hambre de pan y sed de justicia. Menos aún se entiende que cada cinco minutos se violen criaturas, se robe y se mate a cara descubierta a plena luz del día, en tanto se pontifica en todas partes que la culpa de todo lo tiene la droga. Sin embargo, los responsables de impedirlo son un rejuntado de buenas intenciones, miembros de un Poder Legislativo que, fiel a la obediencia debida a la huésped de Olivos, pierde el tiempo oficiando de simples LEVANTA MANOS… ¡CAMBALACHE DE LA ARGENTINA SIGLO XXI!...
Si será Cambalache la Argentina que, en el mismo momento es que la presidente le besaba el anillo a Francisco, en Buenos Aires se proponía que educadores sin títulos puedan ejercer en las aulas o salitas de los Jardines de Infantes. Y al mismo tiempo se conocía un proyecto de ley que, de ser aprobada, le daría marco legal, al adulterio disfrazado de concubinato. Sería, pues, otra “joyita” legal coronando el logro del matrimonio igualitario como el cúlmen de la década ganada como parte de la inseguridad moral que hemos sabido conseguir aunque al precio de echar por la borda aquellos principios que fueron el cimiento de una sociedad cristiana, actualmente en franco retroceso y retirada…

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