Gualeguaychú | Entre Ríos | Argentina
lunes 19 de febrero de 2018

Una fuerza poderosa que no usamos

Una fuerza poderosa que no usamos

13/02/18 |            Fundavida Para EL ARGENTINO


 

La debilidad de los argumentos que sostienen la conveniencia de la agricultura industrial se evidencia a medida que se extiende el debate; una a una se desmoronan las mentiras marketineras burdamente diseñadas por los que obtienen ganancias con esta forma inescrupulosa de producir alimentos.

Los daños que nos están haciendo los químicos y venenos que ingresan a nuestro organismo comienzan a preocupar a cada vez más personas.

Esta semana tomó estado público que en las áreas de Oncología de los Hospitales Garraham y e Italiano el 55 por ciento de los niños y de los mayores internados con cáncer de piel, leucemia o malformaciones son entrerrianos. 

 Precisamente, malformaciones genéticas que el Dr. Andrés Carrasco demostró, ocurren con frecuencia en los embriones de mamíferos cuando toman contacto con el glifosato, aún en concentraciones significativamente menores a las utilizadas en la agricultura.Pacientes oncológicos de nuestra provincia, donde tenemos la localidad, Urdinarrain, en la que más glifosato se vierte en el planeta.  

El modelo no es fácil de revertir, los alimentos con contenidos de transgénicos han penetrado profundamente en la mesa familiar: desde la leche en polvo, pasando por las cervezas, hasta consumos impensados como los snacks habituales en la ingesta de los niños y la carne vacuna y aviar proveniente de animales alimentados con cereales transgénicos, sólo por nombrar algunos.

Pero nosotros tenemos al alcance de la mano el recurso más eficaz para defendernos: ponernos de acuerdo para rechazar masivamente estos productos.   

Si no los consumimos se dejarán de producir, pero para hacerlo primero tenemos que identificarlos en las góndolas de los comercios donde nos proveemos.

La intendencia de Montevideo (ROU) ha dado un gran paso en esta línea, ha establecido que aquellos alimentos que contengan organismos genéticamente modificados deberán obligatoriamente estar evidenciados mediante etiquetado o rotulación para que los consumidores puedan optar por consumirlos o no.

Esta disposición se impuso luego de una dura batalla con las empresas responsables de este modelo, que se  resisten a ser puestas en evidencia por temor a un descalabro en el esquema perverso que sostiene sus ganancias, del que han hecho cómplices a los productores locales que cultivan cereales transgénicos utilizando agrotóxicos.

Para luchar contra los agrotóxicos, exigir el etiquetado de los alimentos elaborados con transgénicos es el comienzo; si no los identificamos no podemos decirle no a esos productos.

Pedir a la legislatura provincial que exija el etiquetado de transgénicos probablemente no es el camino. Nuestros legisladores han demostrado ser cómplices de este modelo, lo prueba la Ley de Fumigaciones aprobada por el Senado Provincial que redujo de 3.000 a 500 metros las distancia de fumigado.

Pero muchos municipios entrerrianos son sensibles a estos requerimientos y si todas las ciudades de la provincia dispusieran que los productos que se venden en su ejido, cuando contienen transgénicos deben estar identificados en la etiqueta ,se verían obligadas a cumplir la disposición porque los entrerrianos somos una cifra importante, más de un millón de consumidores.

Podríamos coordinar que cada municipio que adhiera a la iniciativa lo haga a partir de una fecha futura a acordar para que todos puedan aprobar ordenanzas y ajustarse a la disposición.

Pidamos a los Concejos Deliberantes de cada ciudad entrerriana que dispongan el etiquetado de transgénicos en su jurisdicción. Saber lo que comemos es un derecho que nos corresponde        

Unirnos como consumidores es una estrategia efectiva que no hemos utilizado.    El problema lo tenemos todos, si lo enfrentamos individualmente la fuerza de cada uno por separado es muy pequeña, pero si nos unimos es enorme.

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