Gualeguaychú | Entre Ríos | Argentina
martes 18 de diciembre de 2018

Nos preparamos para una corona

02/12/18 |

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano (*)

EL ARGENTINO

Cuando los deportistas se disponen a una competencia importante tienen programada la realización de una serie de ejercicios y prácticas para llegar a la fecha en el mejor estado posible. En otro ámbito, ante la proximidad de una fiesta importante, seguramente realizaremos varios preparativos que nos ayuden a recibir bien a los invitados y pasar con ellos un buen momento.

¿Por qué comienzo las reflexiones aludiendo a estas situaciones? En menos de un mes tendremos la celebración del nacimiento del Niño Jesús, y tal acontecimiento requiere le prestemos la atención que se merece. A veces ocupamos demasiado tiempo y energía pensando en qué casa nos reuniremos con la familia y el menú. Y eso puede distraernos de preparar especialmente el corazón para recibir al que nos convoca. Es la fiesta de un nacimiento, y Él nos invita a celebrarla.

Estamos comenzando este fin de semana el Tiempo de Adviento, que significa “venida” o “llegada”. Nos habla de Dios que viene a nosotros, se acerca. Él no es un ser estático, sino Alguien, un Tú que está en camino hacia el encuentro con cada uno de nosotros. Pero esta realidad no debe sumergirnos en una espera pasiva. Estamos llamados a ir también nosotros al encuentro del que viene. Él es el anhelado por nuestro corazón, es la paz que necesitamos.

El Evangelio que se proclama hoy destaca que al final de los tiempos “los hombres desfallecerán de miedo” (Lc. 21, 26) y “los pueblos serán presa de la angustia” (Lc. 21, 25). Sin embargo, advierte a los discípulos que “cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación” (Lc. 21, 28). De esta manera Jesús nos invita a la esperanza, a no quedarnos rodeados de la angustia, sino a ser capaces de mirar más allá, hacia el horizonte. “Levanten la cabeza” es una manera de decir “miren más a lo lejos”. También es un llamado a no dejarnos enredar por la chatura del consumismo mediocre y del narcisismo que ahoga.

El Adviento es un tiempo de esperanza.

Uno de los signos que utilizamos como adorno y como expresión característica de este tiempo es la “corona del Adviento”. Tiene el tamaño y forma de un plato redondo, y está hecha con ramas de pino y muérdago. Posee 4 portavelas, (uno para cada domingo previo a la Noche Buena)

Comenzamos hoy encendiendo una vela, el próximo domingo prenderemos dos, y así hasta llegar a la Navidad. De este modo manifestamos que la luz va creciendo conforme nos vamos acercando al nacimiento del Salvador.

Cada año la Navidad nos encuentra de una manera particular. ¿Cómo estamos hoy? ¿Qué angustia atraviesa mi corazón? ¿Qué alegrías estoy acunando y necesito que sean bendecidas por Dios?

Las lecturas de la Palabra de Dios de este primer domingo nos hacen levantar la mirada hacia el final de los tiempos. De este modo reconocemos que a quien veremos pequeño y frágil en el pesebre es el mismo que vendrá con gloria y esplendor para la consumación de la obra salvadora.

Quisiera compartir también alguna consideración respecto del G20. Hace unas pocas semanas nos reunimos en Buenos Aires con líderes de diversas confesiones religiosas de estos mismos países. En la Declaración final hemos expresado:

“Compartimos una urgente preocupación por el cuidado del planeta, nuestra casa común, que muchos reconocemos como don y creación de Dios. Nos angustian los efectos del cambio climático y del calentamiento global, que se traducen en desastres naturales que afectan a la economía, pero especialmente golpean a los más pobres y vulnerables”. (...) “Invitamos en primer lugar a nuestras propias comunidades y a todas las personas de buena voluntad a comprometerse en conductas responsables y sustentables; y a los gobernantes a pensar estas cuestiones con magnanimidad, responsabilidad y visión de largo plazo. El cuidado de la casa común es responsabilidad de todos los sectores y debe tener una mirada más integral desde lo ambiental, lo económico, lo social, lo cultural.”

“La economía y las finanzas también afectan el cuidado de la casa común. La voracidad y la avaricia deben ser erradicadas. Como líderes religiosos y personas creyentes, promovemos una ética y valores tanto para nuestras propias administraciones financieras como para los distintos actores económicos y financieros de manera tal que estén al servicio de un desarrollo sostenible, justo y equitativo”.

(*) Monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social.

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