Gualeguaychú | Entre Ríos | Argentina
martes 18 de diciembre de 2018

Diálogo con Martha Zulema Mac Dougall, portadora de un milagro

Diálogo con Martha Zulema Mac Dougall, portadora de un milagro

03/12/18 |“Hay algo de Gualeguaychú y su gente que se  expresa en que nadie es indiferente al otro”

Martha Zulema Mac Dougall nació el 13 de mayo de 1935 en San Salvador de Jujuy. Es la mayor de tres hermanas del matrimonio de Blanca Azucena Del Campo y Carlos Arturo Mac Dougall.

Ella es portadora de un milagro. A los cuatro años padecía pleuresía y estaba desahuciada por la Medicina; pero su padre hizo una promesa a la Virgen Nuestra Señora del Valle y desde entonces tributa el amor a la vida.

Pero además, de ser la portadora de una historia extrema, que hoy la sociedad reconoce con una peregrinación que se realiza todos los años para noviembre y que parte siempre a la medianoche desde la parroquia Santa Teresita.

Los fieles tardan aproximadamente seis horas para recorrer los 36 kilómetros por la Ruta Provincial N° 16 para llegar hasta la capilla ubicada en inmediaciones de Pehuajó Sud.

Quien desee conocer más en profundidad la historia de la promesa de Carlos Mac Dougall a la Virgen Nuestra Señora del Valle, pueden recurrir a un valioso libro de la escritora Dina Chesini, que cuenta como pocos ese “Milagro Moreno”.

Chesini realizó un valioso aporte a la memoria y a la historia de la región, y a través de un minucioso trabajo –que implicó innumerables horas de investigación para acceder a documentos y testimonios- permite conocer y aprender sobre el nacimiento de la actual Capilla de Pehuajó Sud. Se trata de una obra significativa, para quienes quieran conocer cómo se erigió en 1942 el Templete, transformada cuatro años más tarde en la Capilla de la Virgen del Valle; lugar de destino para la tradicional peregrinación. Recorrer sus páginas no sólo es acceder a documentos y fotografías, sino principalmente compartir un significativo testimonio de vida que permite acceder a la historia de los hombres y mujeres que le han dado sentido a la región.

Marta Zulema también es hija del creador de la Gran Cruzada Deportiva de la Argentinidad, que, tras recorrer gran parte del país, regresó a Gualeguaychú el 22 de julio de 1945. Fue una hazaña que se inició en la madrugada del 7 de julio de 1943, cuando ese estandarte partió de la “Canchita” de la Escuela Normal “Olegario Víctor Andrade” y tuvo como objetivo “abrazar simbólicamente a todos los deportistas del país bajo la Bandera Argentina”.

Los memoriosos recuerdan que esa bandera fue realizada por la esposa de Mac Dougall, Blanca Azucena Del Campo.

En los archivos de EL ARGENTINO –como en los de muchas instituciones educativas y culturales de la ciudad- se recuerdan a los estudiantes del nivel secundario que fueron parte de esa proeza: Rubén Gagliardi, Camilo Fernández, Carlos Miguel Chichizola, Enrique Medina, Voyco Gasparovic, Rafael D’Agostino, Mario D’Agostino, Pío Lazcano, Raúl Laxague, Néstor Cadario, Félix Ugarte, Carlos Meillard, Arquímedes Vega, Julio Solari, Hugo Rivas, Dionisio Broggi, Luis Enrique Raffart, Luis Ferrando, Simón Silvestrini, Pedro Sosa Harispe, Héctor Ugón Vela, Alberto Miguel Oliva, Donaldo Zoilo, Osvaldo Pastor Gómez, Héctor Pereda, Ramón Pereda, Miguel Silvestrini, Juan B. Caropresi, Carlos María Chichizola, Ricardo Narbais, Ramón del Campo y como voluntarios acompañantes Juan Manuel Rodríguez y Francisco Escalante.

Martha Zulema Mac Dougall recibió a EL ARGENTINO en la tarde del martes pasado en su hogar de calle Mitre y Andrade. Dialogó sobre el milagro del que es portadora, de las hazañas de la que fue testigo como hija de don Carlos Mac Dougall; da cuenta de las transformaciones que vivió en Gualeguaychú; pero fundamentalmente destaca que más allá de los hitos de la historia local y de los cambios con el paso de los años, “hay algo de Gualeguaychú y su gente que se expresa en que nadie es indiferente al otro”.

 

-Nació en Jujuy y cómo llegó a Gualeguaychú…

- Mi padre era militar y de Jujuy lo trasladaron a Rosario (Santa Fe). Cuando salí de Jujuy tenía un año de vida. En Rosario permaneció aproximadamente dos años y de ahí lo vuelven a trasladar a Gualeguaychú. En ese ínterin nacieron en Buenos Aires mis hermanas que son mellizas y se llaman Estela y Blanca. En Gualeguaychú fui al jardín de infantes de la Escuela Normal Olegario Víctor Andrade (Enova) que se inauguraba; así que fui una de las primeras alumnas de ese nivel y en esa escuela seguí hasta tercer año; porque cuarto y quinto año de la secundaria los culminé en la Villa Malvina.

 

-¿Se acuerda cuándo se enfermó?

-Tenía cuatro años cuando mi padre hizo la promesa a la Virgen Nuestra Señora del Valle. La historia familiar dice que mi padre viajó hasta Catamarca para traerse una imagen de esas tierras, porque la promesa era que, si me curaba, le iba a construir un templete. Unos años después de haber construido el templete, se construyó la capilla, que un tornado la derribó. Y volvieron a construir otra capilla, que es la que está actualmente.

 

-Si bien es sabida la historia, ¿qué recuerda cómo se eligió el lugar?

-La promesa de mi padre implicaba que él iba a hacer una maratón solo; y en donde quedara exhausto sería el lugar elegido. Mi padre era deportista, profesor de educación física y le gustaba mucho la maratón. Quienes lo conocieron seguramente recordarán que él corría a la par de sus alumnos que eran mucho más jóvenes; incluso a la par de los soldados, porque también daba educación física en el Regimiento. Pero, volviendo a la pregunta, él le había prometido a la Virgen que, si yo me curaba le iba a construir el templete. Como le dije, tenía cuatro años y estaba desahuciada por la Medicina. Padecía pleuresía y en esa época no había antibióticos, que era lo único que me podía ayudar. El asunto es que le prometió que, si me curaba, él iría al trote hasta que sus fuerzas no le permitieran seguir. Y en ese lugar, iba a levantar el templete. Y así fue: cuando llegó cerca del arroyito en Pehuajó Sur, ya había corrido casi 35 kilómetros por la Ruta Provincial N° 16. Y claro, cumplió con la promesa.

 

-¿Qué recuerda de su padre?

-Era militar y profesor de educación física. Pero era un hombre que siempre tenía muchas ideas para hacer una sociedad mejor. Todos recuerdan que fue el impulsor de la Gran Cruzada Deportiva de la Argentinidad, que se inició para unir a los deportistas. Y tras recorrer la Argentina, regresó a Gualeguaychú el 22 de julio de 1945. Fue una hazaña realizada por todos, porque todos permitieron que esa bandera recorriera el país y de la que participaron millones de personas. Como él trabajaba en el Ejército, no pudo recorrer a la par de la Bandera, pero siempre se hacía un tiempo para ir a los lugares por donde la recibían. Fue un recorrido de dos años. Pero al margen de esas iniciativas que son públicas, era un hombre bueno, sensible, de una profunda fe.

 

-¿Usted se casó?

-Me casé dos veces y las dos veces enviudé. No tuve hijos propios. Me casé primero con Pedro Echegorri Colombo, que era médico cirujano muy querido en Gualeguaychú. Luego me casé con Jesús Sandoval, que era bancario. No tuve hijos propios, pero mis dos maridos tenían hijas con la que siempre hemos tenido una amorosa relación.

 

-De niña padeció una grave enfermedad al punto de estar desahuciada por la Medicina. Es portadora de un milagro. Luego se casó dos veces y en ambas ocasiones sobrevivió a sus esposos. ¿Cómo lleva adelante esas experiencias?

-Siempre fui una mujer positiva y de mucha esperanza. Pienso que los dolores se superan cuando hay amor y esperanzas. No me quedo en la tristeza, sino en el cariño. Nuestra familia recibió siempre el cariño de la gente, especialmente el que provenía de mi padre que además era muy respetado como docente.

 

-¿Se curó de la pleuresía?

-Totalmente. Y fue algo raro, porque tanto los médicos de acá como los de Buenos Aires ya habían dicho que no había más nada que hacer, salvo esperar. En vez de esperar lo peor, la fuerza de mi padre y de mi familia, fue esperar un milagro.

 

-¿Y qué siente al saberse portadora de un milagro?

-Siempre pienso en la fe de mi padre para que la Virgen Nuestra Señora del Valle le otorgara el milagro de salvar a su hija. Siempre tengo presente el milagro porque es mi manera de agradecer a la vida.

 

-Usted fue testigo con sus ocho décadas de vida de la transformación que tuvo Gualeguaychú. ¿Qué le llama la atención de ese cambio?

-Muchas cosas, especialmente que los cambios han enriquecido su espíritu como sociedad. Viví el cambio de las luminarias del alumbrado público, la vida del puerto que era de carga y de pasajeros. Viajé en el vapor Luna, cuando se hacía el trasbordo en medio del río Uruguay y se iba a Buenos Aires. Puedo nombrar muchos cambios. … pero más allá de esos cambios, hay algo invariable de Gualeguaychú y su gente que se expresa en que nadie es indiferente al otro.

 

-Hemos hablado bastante de su padre y claro de su milagro. Pero, ¿qué nos puede compartir de su madre?

-Mi madre era de Salta. En realidad, todos somos de diferentes lugares por esto del destino del militar que va de ciudad en ciudad. Mi padre era entrerriano, de Gualeguay. La familia de mi madre se trasladó de Salta a Jujuy, primero en el campo y más tarde en la ciudad. Mi madre tenía un nombre florido, se llamaba Blanca Azucena Del Campo. Era maestra pero nunca ejerció, siempre se dedicó al hogar. Voy a aprovechar esta pregunta para contarle que la devoción por la Virgen Nuestra Señora del Valle es un legado de la familia de mi madre, porque mi abuelo que se llamaba Tomás María Del Campo, era muy devoto. Y mi padre respondió a ese mandato con fe, es decir, con profunda sinceridad.

 

Por Nahuel Maciel

EL ARGENTINO

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