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Sunday 12 de July de 2020

Liderazgos locales para enfrentar la pandemia

Liderazgos locales para enfrentar la pandemia

05/31/2020 |Por Gonzalo Arias

 

Por estos días han circulado diversas encuestas de opinión pública que refuerzan un dato que ya se había hecho evidente hace algunas semanas: los liderazgos ejecutivos que están haciendo frente a esta crisis de una manera que es percibida por los ciudadanos como efectiva están siendo beneficiados con incrementos notables de su imagen positiva.

 

En concreto, una de esas encuestas hace referencia a los gobernadores, ordenándolos en una especie de “ranking” según su imagen positiva. Los mandatarios provinciales son conscientes de que esta crisis no está solo en manos del Presidente, quien, por otro lado, ha tenido el acierto de incluirlos en las reuniones del comité de crisis, en las ruedas de prensa y en diversas etapas decisorias.

Sin embargo, son los intendentes quienes tienen la mayor responsabilidad en este inestable y dinámico contexto. No hay que soslayar que la mayoría de los ciudadanos tiene su primer contacto con la democracia en el nivel municipal y que a menudo los intendentes son percibidos por muchos ciudadanos como la cara más visible y próxima del Estado. En otras palabras, para muchos argentinos, la política se expresa localmente en las acciones y decisiones de los intendentes.

Con esto no se excluye a los concejales y demás esferas del Estado a nivel local, pero es evidente que, en nuestro país, ya sea por configuraciones políticas o por elementos culturales, tendemos a prestarle mayor atención a quienes ocupan cargos ejecutivos.

 

La dimensión local de la crisis

 

Una de las dificultades más notorias que tiene los líderes locales que gobiernan radica en las dificultades de financiamiento frente a demandas ciudadanas cada vez más exigentes. Si bien no es la única, la recaudación suele ser la fuente más importante con la que los intendentes sostienen su estructura de gobierno y con ello la intervención que pueden efectuar en momentos difíciles como estos. A diferencia de un gobernador o un presidente, los intendentes no tienen posibilidades de generar dinero de otra fuente alternativa en el corto plazo.

A ello se le suman las necesidades de los ciudadanos. Demandas que, con el correr de los días, se acumulan e incrementan. Las agendas de los ciudadanos suelen estar orientadas a lo local en una magnitud usualmente ignorada por la mayoría de analistas. A la gran mayoría de los ciudadanos les interesa más cómo está la calle de su cuadra, la iluminación de la esquina de su hogar o la seguridad en el barrio, más que las disyuntivas y vericuetos de la “alejada” política nacional.

En este marco es natural que los ciudadanos estén preocupados por la economía, tanto como los intendentes, que ven mermar la recaudación municipal a causa de comercios que no venden, consumo local que disminuye y cuentas de servicios como las tasas o el alumbrado, barrido y limpieza que se postergan a causa de otras prioridades. Indudablemente, en el ámbito local, la falsa dicotomía entre salud y economía adquiere otra magnitud.

La legitimidad y el consenso que derivan de una eficiente gestión de la crisis se conjugan con la necesidad de repensar dinámicas productivas y comerciales necesarias para los ingresos de las familias como también garantizar los recursos públicos. En este sentido, los liderazgos locales no deberían limitarse a ser a meros gestores de la infraestructura pública, sino que los electores les están exigiendo ser proactivos y comprometerse con resolver los efectos de esta pandemia.

A pesar de que en el nivel local la cercanía física entre los ciudadanos los intendentes es mayor y la mediatización es menor respecto a las grandes ciudades, provincias o países, algunos intendentes cometen el error de aferrarse a sus escritorios, encerrarse en las intendencias o evitar el diálogo con los vecinos. Son tiempos de asumir responsabilidades, estar allí donde los ciudadanos los necesitan, escuchar y sobre todo ser receptivos a los problemas para intentar luego articular las soluciones concretas y posibles a su alcance.

Entre los más de 2000 municipios que tiene un país tan extenso como la Argentina es esperable que las realidades, dificultades y ventajas de los gobiernos locales sea muy diversas. No es el mismo escenario que atraviesan algunos de los más acaudalados y menos densamente poblados municipios del AMBA –como San Isidro o Vicente López- que el que afrontan Quilmes, Lomas de Zamora, La Matanza o incluso la Ciudad de Buenos Aires. En estos últimos casos se da el fenómeno de una gran concentración de ciudadanos en relativamente poco espacio geográfico. Evidentemente entre ellos también hay diferencias notorias: no es lo mismo el presupuesto que administra el distrito más rico del país -CABA- que el que tiene que administrar uno de los más densamente poblado como es La Matanza.

En algunos municipios la crisis desatada por el Covid-19 magnificó falencias estructurales de índole económica con peligrosas repercusiones en lo social; en otros, los intendentes deberán apuntalar el entramado comercial que ha sido golpeado por la cuarentena; en otros, la producción industrial requiere de una ágil articulación para proteger puestos de trabajo y reactivar –progresivamente- la actividad.

No existe un solo tipo de liderazgo posible, ya que las demandas son tan distintas como los distritos que les toca gobernar a los intendentes. Lo cierto es que esta crisis es una oportunidad para mejorar el tan mentado vínculo entre los líderes y la ciudadanía, algo que se dirime en gran medida en el ámbito local, siendo la comunicación una aliada cada vez más imprescindible en la gestión.

 

*Sociólogo, consultor político y autor de “Comunicar lo local” (Parmenia, 2019)

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