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Sunday 27 de September de 2020

La memoria compartida se cuenta con el corazón: “Por una cabeza” y “El puchero de gallina”

La memoria compartida se cuenta con el corazón: “Por una cabeza” y “El puchero de gallina”

07/25/2020 |Por Amalia Doello Verme (*) EL ARGENTINO

 

“Por una cabeza”

 

Los domingos de mi niñez y juventud eran especiales.

El barrio que rodeaba al Hipódromo cobraba un dinamismo que involucraba a jóvenes y adultos simpatizantes de la actividad hípica.

Mi casa era lugar de encuentro de varios jockeys, amigos de mis hermanos, quienes trabajaban en el stud de Don Enrique Piaggio cuidando caballos que generalmente los domingos cruzaban triunfalmente el disco.

Durante la semana los “pura sangre” eran preparados por los peones: vareaban en las pistas impecables que tiene el Hipódromo (declarado patrimonio histórico en 2019) finalmente el cronometro hacía suponer que el pingo les daría una gran alegría.

Los jockeys también se preparaban; según en la categoría que montarían un caballo debían ganar peso o quitarse algunos kilos (rebajarse), para esto veíamos ponerse varios pulóveres y salir a correr, así al transpirar lograban el peso deseado.

Relato desde el conocimiento y doy testimonio porque vi el sacrificio de los profesionales del turf.

Por entonces no existía la escuela de aprendices y cada jockey montaba con un caudal genuino de conocimiento de los animales y las técnicas en la conducción del equino en pos de cruzar triunfal el disco.

 

“El puchero de gallina”

 

Un domingo, a eso de las nueve de la mañana comenzaron a llegar a mi casa (constitución frente al hipódromo), Carlitos y Félix López; Alejandro “Mota” Bullay y varios más.

Destaco que, para los amantes de las hípicas, este era un día de fiesta. Los jockeys vestían sus mejores pilchas; saco y corbata; zapatos bien lustrados; un valijín de cuero conteniendo los efectos personales y una fusta (para azuzar al caballo).

En la tercera carrera, corrían Carlitos y Félix. Mis hermanos más chicos y yo, escuchábamos hablar de quién ganaría la carrera, se hacían bromas sobre los tiempos tomados y la performance de cada animal, etc.

Carlitos asumía que su caballo era el mejor y que ganaría de punta a punta y que cuando enfrentara a mi casa (frente a los 400 metros) habría una sorpresa.

En un clima festivo y fraterno marcharon al hipódromo.

¿Qué haría nuestro amiguito? ¿De qué sorpresa hablaba?

Dejo picando varias suposiciones.

Por entonces, el tramo de calle Constitución tenia ligustrinas a través de las cuales varios vecinos nos asomábamos para ver el desarrollo de las carreras.

Y llego la gran esperada tercera carrera, mil doscientos metros largaron y el caballo de Carlos tomo la punta. Era evidente la superioridad del pupilo de Carlitos.

Al llegar a los 400 metros y con por lo menos ocho cuerpos de ventaja y ante la enorme expectativa, Carlitos grito: ¡Vayan pelando las gallinas!, mensaje que mis padres entendieron perfectamente y que arrancó las carcajadas de todos los vecinos.

A buen entendedor…

significaba que al finalizar las hípicas vendría a casa y quería de menú “Puchero de gallina” y dado el aprecio que sentía mi familia por él, no dudarían en hacerle el gusto.

¡Ganó por varios cuerpos y fue el héroe de la tercera carrera!

 

(*) Amalia Doello Verme nació y creció en calle Constitución al 600. La séptima de diez hijos de Zenón y Bertilda. Creció frente al Hipódromo, sus hermanos mayores trabajaron en el Stud de Piaggio por lo que aprendió, viendo y escuchando, “historias burreras”.

Su hermano mayor fue por muchos años herrero de caballos y asistente en la veterinaria del Hipódromo. En la actualidad Héctor y Cari (dos de sus hermanos), siguen trabajando allí.

Su padre era empleado del Frigorífico Gualeguaychú, y cada jornada era para ellos un día de aprendizaje, porque él se sentaba y les contaba cómo había sido “la matanza”, “para que país iba la carne”, “si hubo embarque” y “los nombres de los cortes”.

“De lo que estoy muy orgullosa es de haber crecido en un hogar donde se enseñaba con el ejemplo cultura del trabajo”, reconoce ella misma.

“Esta situación que vivimos de pandemia y motivos de mi salud hicieron que me ponga más reflexiva y traiga a mi memoria muchas de las historias vividas, y me pareció que sería buena compartirlas con los vecinos que fueron protagonistas de estos relatos”, sostiene la autora y agrega: “Mi intención es sacarles una sonrisa y hacerlos viajar en el tiempo para revivir de alguna manera momentos dramáticos y otros humorísticos”.

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