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Friday 25 de September de 2020

El peronismo necesita sacarse de encima al kirchnerismo

El peronismo necesita sacarse de encima al kirchnerismo

08/16/2020 |Por Julio Bárbaro

 

Fue hace mucho y estábamos casi todos los enamorados de la política siendo absoluta mayoría. Peronistas, radicales, conservadores, demócratas cristianos, socialistas, desarrollistas, estábamos casi todos, esencialmente, los convencidos de un futuro sin violencia y con acuerdos.

 

Sin duda el último esfuerzo recuperable, reivindicable, un Perón que retornaba al encuentro de la grandeza opositora representada por el jefe radical. Aquel fue nuestro “pacto de la Moncloa” o, en rigor, la versión más acabada del intento de ser nación. Tiempos donde la política todavía ocupaba su lugar de pasión por el destino colectivo, tiempos donde la opción era democracia o violencia, donde resultaba imprescindible superar la confrontación y lograr una síntesis superadora. Eran tiempos donde todavía los intereses económicos capaces de destruirnos tenían su partido militar y la política no había sido herida por la codicia.

Alfonsín fue el último intento de imponer la política; luego los gobiernos se dejaron llevar por los intereses particulares.

Al principio no se notaban las diferencias; no mucho después, la pobreza y la miseria crecieron como fruto maduro de aquella siembra, que lo precedió desde el 76 y continuó en los noventa, donde la codicia privada se hizo cargo del destino colectivo.

Cristina, en su triunfo, tuvo la opción de apostar a la grandeza, de llamar a la unidad nacional y ponerse al servicio de la justicia, de esa justicia que ahora intentan reformar achicando al máximo el espacio de sus seguidores. Solo los propios fanatizados pueden imaginar viable ese proyecto que debilita al Gobierno y lo acerca al riesgo de un nuevo fracaso, que lo lleva a enfrentar el enorme espacio del sentido común. Insisten en discutir con el pasado olvidando que ellos son parte esencial de ese pasado.

 Todo se vuelve trinchera para un gobierno que necesita salir del aislamiento, ampliar su base de sustentación y no reducirla apostando a causas perdidas de antemano, como el intento de modificar la justicia. Por su parte, la cuarentena se va convirtiendo en una incentivación de la pobreza en una sociedad debilitada a tal extremo que no sabemos si está asumiendo la prohibición del gobierno o si esa soledad expresa tan solo la debilidad estructural a la que quedamos reducidos. En un principio, parecía que habíamos logrado evitar los efectos de la enfermedad; ahora parece que solo logramos demorarlos.

Y el costo resulta tan desmesurado como la imagen del remero solitario al que persiguen cual prototipo de transgresor. Una idea de la autoridad, de esa que los lleva a cuestionar a los medios de comunicación y a soñar con ser propietarios de muchos que aplaudan hasta sus peores errores. Los medios de comunicación que tanto denuestan son, a veces, el espejo en el cual no soportan verse, son la crítica que necesitan los libres y menosprecian los autoritarios, sin que esto implique, naturalmente, un elogio ciego de todo lo que desde los medios se difunde y opina. Olvidan que los obsecuentes solo sirven para la bonanza, son un salvavidas de plomo que suele conducir a un nuevo fracaso.

CFK perdió elecciones con Francisco De Narváez, con Sergio Massa y con Esteban Bullrich: necesitó de Alberto Fernández y del desastre de Mauricio Macri para retornar. Coyunturas favorables que no se repiten fácilmente, como lo advierten las pitonisas más cotizadas. Si Alberto Fernández no logra ampliar su alianza con la sociedad o no puede dejar de ser CFK, habrá derrota, y si la oposición no encuentra a un radical que la conduzca, el peronismo se ocupará de hacerlo.

 Simplemente, vivimos con la cuarentena un complejo error político, con autopistas repletas de vehículos mientras los humildes, los que no tienen como aislarse, son los únicos que ven coartada su posibilidad de trabajo por las limitaciones del transporte público. Necesitamos ser más racionales y más dialoguistas, dos virtudes que acompañaron al último Perón y nunca supo ejercitar el kirchnerismo.

El peronismo necesita sacarse de encima al kirchnerismo para evitar que lo arrastre en su derrota y termine por desvirtuar para siempre su digna historia. La única lealtad respetable obliga a enfrentar los errores del Gobierno, lo otro es obsecuencia y esa enfermedad es mortal para la política, que sin rebeldía carece de destino.

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