Gualeguaychú | Entre Ríos | Argentina
Monday 28 de September de 2020

Dempsey-Firpo con ojos gualeguaychuenses

09/12/2020 |POR ROBERTO MORALES PERIODISTA FACEBOOK:  GUALEGUAYCHÚDEPORTIVO

En 1923, hace casi un centenario, Nueva York fue epicentro de uno de los primeros combates catalogados como “la pelea del siglo”, el cual protagonizaron el campeón mundial de peso completo, Jack Dempsey y su desafiante, el juninense Luis Ángel Firpo.

Fue tal la conmoción que provocó el choque, que una multitud calculada entre 60 y 90 mil personas (según  la fuente periodística que se consulte), asistió al Polo Grounds ubicado en el Upper Manhattan, en la ciudad de Nueva York.

Entre ellos, hubo dos gualeguaychuenses: Juan Labayen (30 años) y Pedro Olaechea (42 años) quienes viajaron en barco a la capital estadounidense para ver la pelea, cristalizando una historia con triste final para el segundo de los nombrados, quien nunca regresó.

El viaje de ambos, está documentado en la página web https://heritage.statueofliberty.org, donde se pueden consultar los ingresos de personas a Estados Unidos, su lugar de nacimiento, edad, medio de transporte y otros detalles. De allí pudimos extraer y confirmar los datos filiatorios de quienes se transformaron en los primeros “fanáticos” del pugilismo, cuando la actividad era incipiente entre nosotros.

 

¿Quiénes eran Labayen y Olaechea?

La pasión por el boxeo era una de las características de Labayen, proveniente de una familia ganadera, a tal punto que en octubre de 1920, prestó un local de su propiedad ubicado en la calle Andrade 788, para que se llevaran a cabo una serie de asaltos (según la descripción periodística de entonces), los que contaron con la intervención de aficionados locales, naciendo allí la idea de fundar el primer club de boxeo y esgrima.

También gustaba del fútbol, ámbito en el cual ocupó la presidencia de la Liga de Foot Ball, en 1922, además de donar una copa que llevaba su nombre y que anualmente se jugaba entre las selecciones de Fray Bentos y Gualeguaychú.

El turf fue otra de sus pasiones y, quienes lo conocieron en algún stud donde tenía sus SPC, dan testimonio que muchas noches de asado terminaban con el Dr. Labayen contando con mucha nostalgia detalles de aquel viaje increíble.

La Cancha de los Vascos, fue otro de sus lugares preferidos y se lo considera como el más prominente hombre que gobernó el Club, durante un largo periodo de transformación y unidad, como el “Tío Juan”, hasta su fallecimiento en enero de 1969.

Se recibió como abogado y, en política, militó en el Partido Demócrata Nacional, llegando a ocupar el mandato de Diputado Nacional durante el gobierno de Juan B. Justo. Fue directivo del Frigorífico Gualeguaychú y, en reconocimiento a su trayectoria, una calle próxima al Hipódromo Gualeguaychú, lleva su nombre.

Olaechea, también era integrante de una familia de ganaderos, que tenía campos en la zona de Pehuajó Norte en las cercanías del arroyo El Gato.

“La historia de lo sucedido entonces, se fue trasladando a través de relatos de generación en generación en reuniones familiares”, nos cuenta Martín Alberto Olaechea, hijo del odontólogo Raúl Olaechea, quien fue por varios años jefe del Departamento Odontológico del Hospital Centenario, al confirmar el singular episodio.

Recuerda Martín que don Pedro, tío abuelo de su padre, falleció en altamar, en el viaje de vuelta y –como marcaba por entonces las normas marítimas- su cuerpo fue arrojado al mar…

Sobre los motivos que ocasionaron el deceso, todo se desconoce y será materia de alguna otra investigación…

Hoy, Martín Alberto Olaechea, tiene 82 años y aquella afición por el deporte la debió heredar de sus ancestros, porque a comienzos de la década de 1970 practicó el tiro deportivo y se coronó campeón entrerriano, en la modalidad silueta olímpica, con pistola calibre 22, en un torneo celebrado en el stand del Tiro Federal Gualeguaychú, entidad a la cual estuvo ligado como muchos otros deportistas con ese apellido.

Poco más se sabe de aquella travesía de Labayen y Olaechea, pero de lo que estamos seguros es que fueron de los primeros nativos de esta tierra entrerriana en conocer Estados Unidos o –seguramente- los primeros aficionados al deporte en animarse a viajar miles de kilómetros para presenciar un combate pugilístico, una odisea para los primeros años del siglo pasado.

En los años 80, es decir más de medio siglo después, hubo otros gualeguaychuenses que también se animaron a repetir el raid, claro que ya en un vuelo de línea de 12 horas, para observar en Las Vegas las grandes peleas entre Hagler, Leonard, Hearns, Durán, “Martillo” Roldán…

 

De Buenos Aires a Nueva York

Los viajeros, hicieron la travesía desde Buenos Aires, en el buque Pan America, ex- Palmetto State, en 1922 renombrado Pan America. En 1926 fue asignado a Munson por U.S. Shipping Board; 1939 fue transporte militar durante la Segunda Guerra Mundial y renombrado Hunter Liggett, siendo desguazado en 1948.

Demoraba alrededor de 20 días y en su trayecto por el Océano Atlántico hasta Nueva York, hacía escalas en Montevideo y Río de Janeiro, por lo cual intuimos que Labayen y Olaechea debieron viajar a mediados de agosto.

El viernes 14 de septiembre de 1923, fueron dos de los 85.000 espectadores que se estima se dieron cita en el estadio Polo Grounds de Nueva York para asistir al duelo entre Dempsey y Firpo.

El precio del ring side oscilaba entre 27 y 50 dólares y se alcanzó un récord de recaudación: 1.188.603 dólares.

Las apuestas favorecían a Dempsey –de 27 años– por 3 a 1 y, el campeón, se alzó con una bolsa de 509.000 dólares mientras que el púgil argentino recibió 156.250 dólares.

Firpo exhibió toda su energía al derribar a Dempsey con un golpe de derecha en el comienzo de la pelea. Pero Dempsey se recuperó rápidamente, acometió sobre su rival y derribó a Firpo siete veces.

Llegando al final del primer asalto, Firpo acorraló a Dempsey contra las cuerdas y con un certero golpe a la barbilla lo arrojó fuera del cuadrilátero. Dempsey cayó sobre los periodistas, golpeándose la cabeza contra una máquina de escribir, sufriendo un corte en la parte posterior de su cabeza.

El estadounidense estuvo entre 14 y 17 segundos -según la fuente- fuera del ring, sin embargo el árbitro llegó sólo a la cuenta de 9 cuando Dempsey logró regresar, ayudado por los periodistas. Esta cuenta increíblemente lenta, sumado al hecho que Dempsey no volvió al ring por sus propios medios, hizo que muchos reclamaran que Firpo debió haber sido declarado ganador por nocaut.

En el segundo asalto, Dempsey ya se había recuperado del susto y logró derribar tres veces a Firpo, hasta que la pelea es detenida a los 57 segundos, declarando ganador a Dempsey por nocaut.

 

El toro de las pampas

El responsable del apodo "Toro Salvaje" ("Wild Bull" en inglés) o "Toro Salvaje de las Pampas" ("Wild Bull of the Pampas") fue el periodista neoyorquino Damon Runyon, quien lo bautizó así a Firpo en una de sus notas periodísticas.

Lejos del rugido de los aficionados estadounidenses que colmaron el Polo Grounds alentando a su invicto, en la Argentina millones de compatriotas vivieron en vilo y con las limitaciones mediáticas de la época –sin radio ni televisión– lo que estaba ocurriendo a miles de kilómetros de distancia con el crédito criollo.

Buenos Aires no durmió esa noche. Desde temprano la población se volcó a las calles en busca de un lugar donde pudiera saber con la mayor rapidez lo que estaba ocurriendo en Nueva York.

Para evitar que la gente desertara de los espectáculos públicos, se había instalado en las salas una especie de “servicio de información”. Alguien iba a ir dando cuenta del desarrollo de la pelea a medida que llegaran las noticias por cable. Frente a los diarios se aglomeraron multitudes.

Frente al diario La Razón se concentró un gentío extraordinario para esperar el resultado del gran combate. En lo alto del pasaje Barolo se había instalado un reflector que mediante un sistema de luces informaría al público sobre el resultado del match. Si aparecía luz blanca, era porque había ganado Firpo. Si por el contrario, roja, anunciaba la victoria de Dempsey.

Hasta hubo casas de comercio que colocaron en sus vidrieras muñecos de cartón imitando a los dos titanes del ring que luchaban en Nueva York, anunciando que permitirían al público la rotura de los cristales si el triunfo era de Firpo.

 

En la ciudad

En el Teatro Gualeguaychú se instaló un altoparlante para amplificar la transmisión que realizó Radio Cultura del gran acontecimiento, el cual fue seguido por unas mil personas.

El diario El Censor, mientras tanto, informó en su edición de esa fecha que anunciaría con una bomba de estruendo la subida de Firpo al ring; con tres la victoria del norteamericano y doce el triunfo del argentino.

Los que aguardaban en sus hogares las informaciones del combate, escucharon sólo tres explosiones aquel 14 de septiembre de 1923, hace ya 97 años…

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