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Tuesday 29 de September de 2020

En quien cree la política

09/12/2020 |  

La política y la vida espiritual no se llevan bien. Una lástima. La dimensión espiritual es una de las más importantes en la vida de una persona y de una sociedad. En ella se fundamenta el sentido último de la vida y además es la fuente de valores que iluminan las actitudes. Al pensar a las personas solo como ciudadanos, la política decide ponerle un techo a la mirada que tiene sobre la persona: esa persona vale en tanto vota, paga impuestos, cumple con la ley, es activa económicamente, cree en los valores patrios, tiene una vida política activa. Todo  otro aspecto tiene que ver con lo privado o con lo que libremente decide ser y hacer una persona: como si cuando voto, o trabajo, o cumplo con los impuestos o decido cumplir con la ley no estuviera poniendo en juego mi escala de valores que tienen como matriz la dimensión espiritual de las personas.

Espiritualidad no siempre remite a religiosidad, pero lo cierto, es que todo ser humano necesita encontrarse con el “misterio” y decidir qué hacer frente a él. Muchos movimientos, estilos de vida inspirados en la cultura oriental, maneras de relacionarse con la naturaleza, o estrategias para poder superar conflictos o afrontar la vida manifiestan un regreso claro a la necesidad de la espiritualidad en la vida de ser humano. Algunas maneras se vuelven selectivas, parciales, individualistas y otras más universales.

En ocasiones la política se tienta de reemplazar a la religión volviéndose casi una manera de espiritualidad o religiosidad. Pero fracasa porque mira parcialmente al ser humano y porque no se pueden construir paraísos en la tierra endiosando a simples seres humanos.

Pensar a los ciudadanos como personas cuya dimensión espiritual es importante, exige que la política tome en cuenta de manera especial este aspecto y dialogue con las instituciones que de alguna manera expresan organizadamente esa dimensión. No basta con un “respeto” formal por sus representantes. Hay respetos que más bien reflejan indiferencia, que en definitiva es indiferencia al ciudadano. Buen diálogo con el representante de una expresión religiosa o espiritual es un principio para comprender el valor que expresan. Es una pena que en la política haya, en ocasiones cierto resentimiento; y en su mayoría más bien una actitud agnóstica o atea. En ocasiones el resentimiento al menos tiene razones y es causa de la decepción de alguien que en algún momento valoró esta dimensión. Pero ser agnóstico o ateo, dificulta sobremanera poder pensar lo espiritual como valioso porque directamente es una dimensión que no se experimenta. Se puede compartir lo que no se tiene o no se valora? En todo caso la dificultad se presenta por el rol que la política tiene para una sociedad.

Se puede describir la realidad: personas que mueren solas, despedidas que no fueron, agentes de salud cansados de entregarse, las Iglesias vacías, un estado que no llega a todos lados y las sociedades intermedias, clubes, Iglesias, comedores barriales, grupos solidarios, que han sido una red de contención para tantos hermanos que no la pasan bien. Se puede explicar, pero para darle sentido, falta algo más.

Estamos en un momento donde el derecho, la ciencia y la ley se han vuelto las sagradas escrituras y el decálogo que ilumina la vida ciudadana. La medicina te explica las causas, la psicología te propone resiliencia, la sociología relaciona lo religioso con los miedos y los mitos, la política justifica su esfuerzo y te sanciona si no hacés lo que la ley dice, y la esperanza te la da la ciencia, la economía cuando se recupere, el próximo gobierno. Y si te enfermás, y si se te muere un familiar, y si quedás sin trabajo, y si tu vida pierde sentido? Dónde encontrar el sentido? En lo espiritual: la fe, los valores, las filosofías de vida ayudan a superar las dificultades, a trascender los momentos difíciles, a esperar con sentido lo que venga. Esta dimensión es ignorada por la política y es una pena porque al no poder dar sentido a la vida empobrecen la vida de los ciudadanos. El estado alardea de su importancia y pretende ser la única respuesta pero lo no logra. Para gobernar bien hay que entender bien a quien se gobierna, no solo para captar su voto, sino para crear las condiciones que permitan a toda persona realizarse en todas sus dimensiones humanas.   Las decisiones que toman reflejan una mirada incompleta de la realidad que gobiernan. Una pena. ¿En quién cree la política?

Guillermo Régoli

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