Gualeguaychú | Entre Ríos | Argentina
Wednesday 25 de November de 2020

En el Camino de Santiago

 En el Camino de Santiago

09/20/2020 10:10 | Son las once de la mañana en la ciudad condal y Las Ramblas y la Plaza Real están prácticamente vacías. Atravieso el Barrio Gótico por calle Ferrán, y me dirijo a la Parroquia de Sant Jaume en busca de mi credencial de peregrino. Mi misión, resultado de un impulso inesperado, es terminar el Camino de Santiago.  

Por Martín Davico

(Colaboración)

Saldré desde Santander, la capital de Cantabria. El avión, desde el aeropuerto El Prat, saldrá en seis días… Es jueves 10 de septiembre y el vuelo Barcelona-Santander me parece un corto y agradable paseo. Al salir del aeropuerto, tomo un bus que me lleva hasta el albergue de peregrinos Santos Mártires. Al llegar, el hospitalero me da la bienvenida y me advierte que la mayoría de los albergues del camino están cerrados por la pandemia. “Nosotros, por protocolo, tuvimos que reducir el aforo a la mitad”, dice, “hoy, para esta fecha, tengo cinco peregrinos, contra los cuarenta que tuve el año pasado”.

Mientras sella mi credencial me cuenta que hace un año visitó Argentina. Enumera con orgullo su itinerario: Buenos Aires, Iguazú, Perito Moreno y Ushuaia. Me pregunta de qué provincia soy y, como pasa con la mayoría de los españoles, dice que nunca en su vida escuchó hablar de Entre Ríos.

 Mi habitación tiene cuatro literas, dejo la mochila y salgo a recorrer Santander. Camino por la bahía y llego a la Playa de los Peligros: “Se llama así porque se llama así, como cualquier otro lugar”, me dice un bañista cuando le pregunto la razón de tal nombre. Sigo hasta el Faro de la Cerda y contemplo la Isla de Mouro. A unos metros, más adelante, está el famoso Palacio de la Magdalena: grupos de turistas lo visitan y ninguno es extranjero.

De regreso, me topo con el monumento que conmemora el “pavoroso incendio de Santander de 1941”, una tragedia que destruyó buena parte de la ciudad y su casco antiguo. Hay una ruta turística que recorre los principales puntos afectados por el fuego. El siniestro, que ocurrió apenas terminada la guerra civil española, dejó a miles de ciudadanos sin vivienda.

 Es 11 de septiembre y es mi primer día de peregrinación. Por recomendación del hospitalero decido atravesar el polígono industrial en tren. La línea que me llevará va a Cabezón de la Sal y ese nombre me hace acordar a mi amigo de toda la vida Ricardo Salvador. En la estación, confirmo la vía preguntándole a un hombre que está parado en el andén. Hablamos un poco y me cuenta que es de Bogotá y que hasta hace dos semanas vivía en Ibiza. “En las Baleares la temporada fue un desastre”, dice señorialmente como buen colombiano, “y usted sabe, todavía nos espera el show de la vacuna”.

   Bajo en Mogro y empiezo a caminar siguiendo las flechas amarillas. El sol asciende y se ve incandescente como la camisa de una lámpara de gas. La niebla se desprende del suelo y los pájaros componen el coro del alba. Atravieso pueblos, iglesias, campos y maizales. Al mediodía llego a Santillana del Mar, conocida como la ciudad de las tres mentiras: no es santa, no es llana y no tiene mar. Las calles empedradas me guían hasta el Museo de Tortura de la Inquisición. En la puerta un cartel explica el ensañamiento con el que Torquemada torturaba a los herejes. En la fachada, una herrumbrada jaula de hierro cuelga de la pared: en su interior hay un esqueleto humano que parece suplicar. Todo esto me parece un juego morboso y decido no entrar.

Media hora después, almuerzo una pizza en un barcito. Termino rápido y espero al camarero para pedirle la cuenta. Al cabo de quince minutos no aparece y me doy cuenta que no está,  que en el lugar no hay nadie. Imagino una posible tragedia y empiezo a buscarlo: entro al baño y luego a la cocina, “Hola ¿hay alguien?”, pero nada. Valoro dejar el dinero sobre la mesa e irme. Salgo a la calle y por fin lo encuentro. Está conversando con la vecina de enfrente. Lo llamo y cruza agitado. Le digo: “Pensé que invitaba la casa, que por eso usted no venía”. Secándose la frente, y sin sospechar que casi lo di por muerto, contesta: “Hombre con la que nos está cayendo encima ¿cómo voy yo a invitarte una comida?”.

Por la tarde llego a Caborredondo y voy al Albergue de Peregrinos Izarra. Me recibe Gabriela, una húngara de Budapest que lo administra. Me explica que dan cena y desayuno y que el precio es a la voluntad. En eso llega un inglés que dice haber caminado cuarenta kilómetros. A mí, esa distancia, me parece inconcebible.

 En la cena somos cuatro peregrinos. Antes de empezar Gabriela bendice la mesa. El menú es arroz con verduras y de postre flan o yogurt. Durante la sobremesa hablamos de la etapa que haremos el día siguiente. Una chica de Aragón y yo iremos a Comillas, otro peregrino de Madrid, que hace el camino en bicicleta, pedaleará unos sesenta kilómetros. El inglés, una máquina, dice que caminará otros cuarenta.

 A la mañana siguiente desayunamos a las siete. Uno a uno los peregrinos dejan su donativo en una alcancía y se van yendo. Cuando despido a Gabriela me dice: “El Camino de Santiago es mágico. Ve haciéndolo poco a poco. Llegará un momento en el que tu cuerpo y tu alma se alinearán. Y tal vez encuentres alguna respuesta que estés buscando”.

 Arranco hacia Comillas, una pequeña ciudad ubicada sobre el Mar Cantábrico, célebre entre los siglos XVI y XVIII por la caza de la ballena franca septentrional. Y aunque sepa que necesito caminar despacio, todavía no entiendo cómo no se me ocurrió decirle a Gabriela, que más que una respuesta, lo verdaderamente importante, siempre, es encontrar una buena pregunta.

 

 

 

 

 

 

La noticia se ha enviado exitosamente
 
 
 
 
 
 


DIARIO EL ARGENTINO mantendrá absoluta confidencialidad de los datos personales brindados por nuestros visitantes. Los servicios de información por correo electrónico que ofrecemos se realizan con el expreso consentimiento de los usuarios.

El mensaje enviado por el Usuario del Servicio y su contenido es de única y exclusiva responsabilidad civil y penal de quien lo envió y/o utilizó.

Este diario no garantiza la veracidad de los datos personales y/o contenidos de cada mensaje efectuados y/o publicados en los Servicios por el Usuario.

NO está permitido:
1. utilizar lenguaje vulgar /obsceno, discriminatorio y/u ofensivo o Está prohibido todo tipo de ataque personal contra Usuarios de los Servicios y/u otros terceros, mediante acoso, amenazas, insultos.
2. No está permitido avergonzar o hacer cualquier otra cosa no deseada a otro/s Usuario/s de los Servicios ni a otros terceros. No se permite todo acto contrario a las leyes, moral y buenas costumbres.
3. Está prohibido publicar mensajes agraviantes, difamatorios, calumniosos, injuriosos, falsos, discriminatorios, pornográficos, de contenido violento, insultantes, amenazantes, instigantes a conductas de contenido ilícito.
4. Está prohibido publicar mensajes que puedan afectar la sensibilidad del resto de los usuarios y/o de cualquier tercero.
5. Está prohibido citar material que constituya propiedad intelectual de terceros, sin mencionar su fuente o autor.
6. Está prohibido afirmar hechos de otros usuarios o terceros sin tener prueba concreta.-

Finalmente, los usuarios aceptan expresamente la remoción de cualquier comentario publicado en el sitio, que viole el presente reglamento, todo ello no podrá ser considerado como un acto de censura."

Ciudad

Más de 2 mil personas se verán afectadas directa e indirectamente en sus ingresos si no hay Carnaval
Los talleres de la comparsa Kamarr, están sin trabajar como el resto de las comparsas.  
El Director del Hospital recibió a los miembros de la Cooperadora
     
La ciudad sumó ayer otros 24 casos  de coronavirus
Gualeguaychú sumó ayer 24 nuevos casos de coronavirus, según el reporte del Nodo Epidemiológico local.  
Un proyecto de ordenanza propone el uso del espacio público para la gastronomía
La utilización del espacio público para la colocación de mesas y sillas no tendrá gravamen impositivo.