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Miercoles 28 de Julio de 2021

El barrio y las voces

El barrio y las voces

12/06/2021 |Amalia Doello Verme (*)

Los diferentes vendedores ambulantes ofrecían sus mercaderías a “grito pelado”, por lo que sus voces inconfundibles poblaban las mañanas o las tardes según el producto que ofrecían.

Recordarán queridos vecinos a la peculiar voz del señor Borro, que anunciaba verduras y frutas, imposible no comprarle, dada la prolijidad y la higiene con que presentaba sus productos. Una voz increíblemente destacada que se escuchaba en todos los rincones del barrio.

Decía mientras caminaba al costado de su jardinera, la cual lucía impecable, tirada por un caballo gordo y manso que él llevaba con una mano de la rienda :_ hay papa papero!!!, batata, batatero!!! hay zapallo, morrones, lechuga…Repitiendo esta oferta en forma ininterrumpida mientras duraba el recorrido que él se había fijado.

Si bien es cierto que él no vivía en nuestro barrio, formaba parte del paisaje de las mañanas  que las amas de casa apreciaban.

Hubo también otro amigo vendedor ambulante que visitaba el barrio en tres oportunidades: a eso de las 9 de la mañana este señor, al que le decíamos Palomo de apellido Rodriguez, ofrecía ristras de ajos que podía vender por unidad o una ristra completa; luego de este primer recorrido aparecía con escobas las cuales también eran muy necesarias en cada hogar, llevaba estas y algunos plumeros colgando de un palo sobre su hombro, pero este sacrificio valía la pena porque las amas de casa compraban este elemento infaltable en cada hogar para mantener limpios patios y veredas.

En la tercera aparición de Palomo era la que esperábamos nosotros, los gurises, porque en una bicicleta con un tachito de acero inoxidable colocado en un canasto traía en forma bien conservada este maravilloso producto de vainilla, frutilla o crema que eran los tres sabores de helado que por medio de un silbato daba cuenta de su presencia en las calles del barrio.

No siempre había monedas para comprar un heladito, en mi caso éramos muchos hermanos y a veces había para comprar uno solo.

Mi hermano más chiquito, Rubén, solía gritarle: ¡¡paie paie Palomo!! y una vez que había sido llamado por el niño era difícil negarse a la compra de por lo menos un vasito al cual una vez servido quizás de frutilla, que era el más solicitado todos le dábamos una lengüetada.

El barrio conoció a: Palomo el ajero, Palomo el escobero y Palomo el heladero, magnífico ejemplo de una persona que buscaba el sustento, por eso se ganó el respeto de la comunidad.

Otra voz que se oía por las mañanas era la voz del señor González,que en una jardinera traía los tachos muy característicos donde cargaba la leche recién ordeñada, y que servía a las amas de casa con un jarro de lata con una gran manija. Cuándo escuchábamos:_¡¡lecherooooo!!!,  sabíamos que estábamos muy cerquita de tomar una taza de café con leche o cascarilla que se parecía mucho al chocolate, pero esto no era muy frecuente.

Así pasaba el señor González que más de una vez sufrió de las bromas que le hacían los gurises más grandes, que le escondían el tacho para hacerlo rezongar, una broma bastante pesada que Don González sufría de tanto en tanto.

 

 (*) Amalia Doello Verme decidió en esta pandemia traer e la memoria “muchas de las historias vividas, y me pareció que sería bueno compartirlas con los vecinos que fueron protagonistas de estos relatos”, sostiene la autora y agrega: “Mi intención es sacarles una sonrisa y hacerlos viajar en el tiempo para revivir de alguna manera momentos dramáticos y otros humorísticos”.

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