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Miercoles 22 de Septiembre de 2021

De lo que está bien y de lo que está mal…

De lo que está bien y de lo que está mal…

27/08/2021 |Por Waldemar Oscar von Hof (*) Especial para EL ARGENTINO

Cuando tenía siete u ocho años, con un amigo nos dedicamos, un domingo, a arrancar unos carteles que estaban a la entrada del pueblo en el que vivíamos. A la mañana siguiente mi padre se apareció con los carteles.

-Vos sabes que “destruir señales es un delito”.

Yo me quede helado ante la palabra “delito”, no me podía imaginar estar encerrado en la cárcel por haber sacado un cartel con mi amigo. Conocía el dicho de haberlo visto en carteles a la vera del camino.

La segunda frase de mi padre fue:

-Más te vale que vayas aprendiendo lo que es la ética y que el cartel vuelva a su lugar…

Esa misma tarde fui a colocar el cartel con datos y una fecha totalmente caducadas ya que la fiesta pueblerina que se anunciaba había sido hacía mucho tiempo.

En el estudio de teología, al que accedí muchos años después, pude profundizar una y otra vez el significado de esta palabra que mi padre me la planteó como una cuestión absoluta e incuestionable.

Ética: disciplina filosófica que tiene por objeto los juicios de valor cuando se aplican a la distinción entre el bien y el mal. Horas de lectura y grandes discusiones tuvimos entre los compañeros, ya que se trataba de descubrir el filo, el límite y la frontera entre lo que estaba correcto y aquello que se debía condenar. Con mucho humor y a veces con encarnizadas discusiones nos enfrascábamos sobre temáticas de la moral y del comportamiento humano tratando de llegar a consensos en la valoración justa. También caía en la redada de las discusiones la temática del “secretos de confesión” con la tramposa pregunta de qué haríamos, si una persona viene a confesarnos un asesinato.

La sociedad necesita pautas, paradigmas y valores claros para diferenciar el bien del mal. La sociedad se las ha ido dando desde la misma edad de piedra, como ejemplo están los diez mandamientos legados por Moisés a su pueblo. Leyes básicas, seguramente antecesoras de todo nuestro sistema legislativo de hoy en día, y que en nuestra catequesis seguimos enseñando como normas básicas de convivencia. Otro ejemplo tal vez nos lo dan los Incas, pueblo preexistente a la llegada de Colón a estas tierras. “Ama sua (No robes), Ama Ilulla (No mientas) y Ama quella (No seas ocioso).

Como países republicanos nos hemos dado un Código Civil con la descripción de las responsabilidades y de los derechos de toda la sociedad. Pero también tenemos códigos éticos transmitidos oralmente e incluso códigos religiosos que apuntalan el respeto hacia la vida, hacia el otro y hacia el mismo medio ambiente. Se busca una coherencia entre el actuar y el decir, a partir de los convenios establecidos. Tal vez valen las palabras de Jesucristo que pide una actitud coherente pidiendo simplemente que nuestro si sea un sí y nuestro no un no. (San Mateo 5:37).

Veo con dolor y con sorpresa como estos límites y paradigmas se van relativizando, cuando por ejemplo una persona, por contactos, recibe la vacuna sin ser “esencial” en algún servicio y se la disculpa aludiendo que el problema es solo ético y no judicial. Pero también esto se hace evidente cuando en el mundo político se van creando espacios de impunidad, abriendo posibilidades a realizar acciones que suspenden o ignoran leyes impuestas. Todos perdemos credibilidad y nos indignamos cuando se relativizan los propios DNU expedidos para cuidar a la población, descuidándolos con fiestas que han sucedido en los más estrictos tiempos de restricción.

Como ministro de una iglesia que ya tiene casi un siglo y medio de presencia en el Río de la Plata, casi preexistente al estado, no me las quiero dar de ético ni de ponerme en árbitro, ni en juez, del actuar de la casta política, porque nadie es perfecto, pero urge la necesidad de tener en claro los paradigmas éticos porque las instituciones también educan y marcan tendencias. Hago mías las palabras de Quino, en boca de Mafalda: “Tanta cosa antigua que se pone de moda, sería bueno que volvieran la ética, la vergüenza, la inteligencia y la honestidad”. 

Seguramente mi padre, que vivió en el siglo pasado sabía muy bien el significado de la ética, o al menos ha sabido transmitir que lo que está bien, está bien y lo que está mal, está mal y eso no se discute.

 

(*) Waldemar Oscar von Hof es pastor de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata.

 

 

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