Gualeguaychú | Entre Ríos | Argentina
lunes 19 de noviembre de 2018

Entrevista a Miguel Rep, quien hace del humor gráfico un pensamiento

28/01/11 |“Hoy cualquiera puede crear una imagen, pero darle contenido será siempre el gran desafío”

Miguel Rep nació bajo el nombre de Miguel Repiso el 23 de abril de 1961 en Buenos Aires. A los 14 años cabalga cómodo con el lápiz y el papel y decide dejar la escuela para dedicarse de lleno al dibujo. Es un autodidacta y arriba al mundo laboral desde muy joven y hoy es considerado uno de los dibujantes y humorista gráfico más reconocido de Argentina y de América Latina.
No sólo publica todos los días en Página/12 desde el número fundacional, sino también en la revista Veintitrés y también la tarea de ilustrar para que el lector reflexione al mismo tiempo lo llevó a colaborar en el diario El País, de España. Imaginación es su herramienta y le da contenido a la imagen que crea.
Tiene publicados muchos libros, entre los que se pueden destacar: Rep hizo los barrios, Bellas Artes, Postales, La grandeza y la chiqueza, Auxilio, vamos a nacer, y Don Quijote de la Mancha. Pero es su último libro “200 años de Peronismo. Biografía no autorizada de la Argentina” la excusa para tener el diálogo con EL ARGENTINO.
Como está conociendo Gualeguaychú, gracias a una invitación del periodista Daniel Enz, se aprovechó la nublada tarde del miércoles para acordar la entrevista. El diálogo surgió de manera espontánea sobre un tema actual: a pesar de que se vive en medio de un mundo construido contra viento y marea de una manera casi artificial, hace falta más que nunca la imaginación; es decir, darle contenido a la imagen. Y sobre esa perspectiva se vuelve al libro “200 años de Peronismo”, donde Rep presenta a Cristóbal Perón (combinatoria de nombres y apellidos, donde el equívoco no se hace contradicción) y que “descubre” América y hasta mantiene diálogos con los hombres de Mayo y recorre todo el paisaje de la historia nacional. Tan sólo para aproximar su mirada certera desde el humor, en la cama se encuentra Perón y Evita. El General le dice que por un accidente con una moto no puede tener hijos. Entonces es cuando Evita le dice a ese hombre: “No te preocupes, Juan Domingo. A mí lo que me sobran son huevos”. Y es ese humor el que sintetiza seis años, que parecen toda una vida, para comprender la construcción de Evita que nace en la periferia y luego se convertirá en inspiración que construye -como algo central- la misma inclusión, como el propio Rep define a Evita.
Cuenta que su padre era campesino, y que tenía una chacra y que proviene de una familia andaluza. Un día se fue para siempre a Buenos Aires. Con una amable y tierna sonrisa cuenta que su madre se llama Alba Argentina Tanure, y que ambos eran del mismo pueblo, Santa Lucía, Corrientes, pero se conocieron para y por el misterio del amor en la inmensa Buenos Aires.
“Mi padre se hizo chofer de un tío abuelo –Miguel Repiso- que era bandoneonista chamamecero y tocaba con Isaco Abitbol”, el Patriarca del Chamamé. “El Chamamé es una música que me trae como recuerdo el aire familiar y por eso este es mi clima, mi paisaje… me encanta el río”, dice a manera de saludo e introducción. Alma de retratista, las producciones de Rep permiten comprender mejor que en todos los libros por qué el humor es una posición ya no ante una situación particular sino ante la vida misma. El humor hace de lo complejo lo simple y hace que la bondad habite casi como una filosofía. En definitiva, el humor en Rep es una invitación a vivir y habitar la reflexión, que hace que la realidad sea más llevadera. Más que una risa física, Rep provoca una risa espiritual, intelectual. No es la carcajada fácil, sino la indiferencia camino al destierro. No es el reírse sin sentido, sino más bien inclinar la cabeza para el lado de la reflexión. En fin: he ahí su talento, pero también su secreto y su misterio, y la herramienta –como diría Sigmund Freud- para que las personas activen el mecanismo de la adaptación frente a lo que se siente y se percibe de la vida misma.

-En “200 años de Peronismo. Biografía no autorizada de la Argentina” la salva a Evita…
-En rigor, Evita se salva sola. Si hubo algún problema con ese libro, fueron justamente por los dibujos de Evita. Porque es la parte más religiosa del libro. Los lectores peronistas de Evita, especialmente los históricos o más conservadores, no soportan que se hagan dibujos de ella. Es terrible, porque Evita ha sido una santa, no ha sido una actriz. Se ha auto canonizado. Es, de alguna manera, un personaje trágico y muy difícil de humorar con ella.

-En cambio Perón es más multifacético. Desde el humor se le puede entrar desde varios puntos de vista…
-Tal cual. Con Perón hago humor de cualquier manera. En cambio Evita es muy difícil de entrarle porque es un personaje absolutamente trágico y santificado. Entonces, cuando estás haciendo humor primero haces un personaje un poco unidimensional, porque es un personaje que se gestó en seis años y es muy quieto y termina de una manera trágica. Por supuesto, está del lado de la bondad, del dar y sólo los humoristas muy gorilas podrían hacer un humor salvaje con ella. Creo que finalmente voy a terminar haciendo humor con Evita, pero trabajándola más. Si uno es argentino, si tiene simpatía por Eva –y yo la tengo- es muy difícil hacer humor con ella. Por ahora me quedé en estos dos dibujos, que son los que más problemas me presentaron en mi cabalgata presentando el libro por distintos pueblos y provincias.

-Además, el origen de Evita nace en la desintegración y termina siendo la mujer de la integración.
-Sí, nace de una marginalidad y termina siendo central. Es un derrotero tremendo, que no lo hace cualquier persona. Es un derrotero también que no lo hace sola, sino que tiene al lado a un hombre que fue uno de los más poderosos del Cono Sur.

-De todos modos hay que construir una vida con los escombros de otra que bien pudo haber sido distinta…
-Es admirable. Es impresionante lo que esa mujer personificó, lo que respiró y lo que transformó en la sociedad argentina. Todo eso es admirable y por eso se salva como muy pocos personajes de la historia argentina.

-El humor en ese libro no genera inquietud por lo que cuenta en sí mismo, sino porque quien lo lee se da cuenta que hay muchos aspectos de la historia que son necesarios refrescar… por las carencias que tenemos con la historia…
-Justamente a mí me pasó que hice ese libro por las carencias que también tengo de la historia. En líneas generales, hay dos clases de libros o de corpus que trabajo: está el que se hace porque quiero mostrar lo que pasa dentro mío, ese bullir que no siempre es interesante para los demás pero que es como un volcán que debe tener su proceso de erupción y está vinculado con los sentimientos, la historia familiar y personal. Y el segundo está vinculado con el exterior, en el lugar donde uno vive y por eso hice el libro de los 48 barrios de Buenos Aires para entender la ciudad en la que vivo; o la historia de las artes y por eso hice Bellas Artes y 200 años de Peronismo lo hice para ilustrar aquellos momentos o sucesos muy billikenizados.

-Por eso en su libro se alumbran muchos sucesos que no necesariamente tienen una imagen en la historia argentina…
-De esos momentos que no tienen imágenes está llena la historia argentina. Los momentos están casi todos contados en palabras, pero no todos están ilustrados, salvo por Billiken o la historia oficial desde la perspectiva de un Mitre, de un Félix Luna e incluso de Constancio Cecilio Vigil. En definitiva la historia Argentina tiene muchas lagunas en materia de imágenes. Y no hago este libro para cubrir los huecos del revisionismo histórico ni me interesa hacerlo porque ese campo le corresponde a los historiadores y especialmente a los investigadores que son los que ven los detalles pequeños. En todo caso mi tarea como dibujante y hacedor de imágenes es alumbrar aquellas zonas que no han sido alumbradas porque nadie dibujó cómo fue Barranca Yaco o cómo fue la Revolución del ´90 o la cama entre Juan Domingo y Eva.

-Convengamos que esta época le permite dibujar esas zonas no alumbradas de la historia, mejor que otras.
-Absolutamente, porque soy un dibujante de esta época. En los años `40 y `50 no hubiera podido dibujar 200 años de Peronismo; como tampoco en los `60 e incluso más reciente en el tiempo en mi época de pre Página/12 tampoco.

-No me refiero solamente a impedimentos personales…
-Así lo entiendo. Por eso referencio claramente la libertad de expresión. Pero estimo que siempre hay de las dos cosas. En 1983 tomé la decisión de que nadie me iba a censurar un dibujo y esto también está vinculado con compromisos y formaciones profesionales y humanas.

-Usted se inició en Humor registrado…
-Se podría decir que sí. Tenía que convivir con otros dibujantes, un editor que iba midiendo el terreno donde teníamos que pisar y así quedaban algunos dibujos en el tintero. Bueno, desde 1983 en adelante decidí que nadie me iba a censurar y eso implica que yo soy el único responsable de mis propias limitaciones.

-A mayor libertad, mayor responsabilidad…
-Esa es la ecuación… pero la esencia es que a mayor libertad hay más libertad. Y esto lo compulso mucho con mis lectores donde algunos se enojan y otros consienten. De todas maneras, en mis primeros años estaba un poco a la vanguardia. Pero hoy reconozco que estoy un poco a la saga de propuestas como las de Peter Capusotto o la revista Barcelona. Me di cuenta que antes estaba un poco como provocador y en esa provocación estaba como crispado y quería probar siempre los límites. Y eso no tiene mucho que ver conmigo. Lo mío en todo caso es buscar expresarme mejor. Hoy no necesito provocar ni pelearme con nadie. Necesito expresarme mejor.

-¿Se puede hacer humor con todos los temas?
-Entiendo que sí. Si se puede hacer drama con todos los temas, también se puede hacer desde el humor. Además, el humor es una actividad humana muy necesaria. El poder no son sólo los presidentes y la CIA, sino esencialmente cuestiones que son más sutiles e incluso potentes como las tradiciones familiares, las ideas religiosas, los mandatos educativos y culturales. El humor permite desandar ese sentido común del poder y torna cubista a un cuadro que se presentaba como realista. Ese es el humor. El humor no es reírse de manera imbécil como pueden hacerlo los Midachi: eso es comicidad en el mejor de los casos. En definitiva el humor es reírse primero de uno mismo y luego con el otro. El humor es más subversivo.

-Por eso sus producciones más que señalar una situación con el dedo índice, o un grito de alerta o una proclama de sermón, es un susurro como quien comparte un secreto al oído…
-Me doy cuenta que tengo más de suavidad que de dureza. Nuestra tarea es así. Uno nunca genera un gran grito como lo hace la televisión, la puesta del cuerpo que tienen los actores o el libro de algún escandaloso. Lo mío es de mucha paciencia. A veces pienso que tengo una construcción autoral que para verla se requiere de mucha paciencia, porque está hecha en el día a día. No tiene nada de espectacular ni de escandaloso, aunque tiene –y de esto también soy consciente- una propuesta.

-Su humor político más que basarse en estereotipar a la figura de un personaje, está construida desde lo ciudadano.
-Es que he optado por eso. Hago en todo caso humor político desde lo social más que desde el personaje de un político. Detesto –aunque en algún momento lo hice- hacer humor político desde la perspectiva de la farándula política. No me interesa dibujar al político, sino a la gente, a lo que pasa en la calle. Lo social. Lo que busco es la diferencia entre la novela Madame Bovary de Gustave Flaubert y un libro cualquiera de Julio Majul. Un libro de la coyuntura dura dos meses, cuando mucho medio año. En cambio lo otro permanece, persiste, porque hay una percepción y una invención.

-¿Se puede hacer humor político siendo oficialista?
-Sí, porque se puede hacer desde todos lados. Pero quiero aprovechar la pregunta para avanzar en el concepto de que decir oficialista es de una simplicidad absoluta. Nadie puede decir que es oficialista, salvo que sea ministro. No puedo creer, por ejemplo, cuando el programa 6-7-8 dice que es oficialista, porque deben tener alguna diferencia o resquemor con el Gobierno Nacional. Yo tengo miles de diferencias y globalmente puedo reconocerme dentro de la corriente del reparto y la distribución y no del achique y el ajuste. Pero eso no es ser oficialista. En rigor, no soy un religioso de ningún poder, porque ninguno me representa en la integralidad. Puedo tener más o menos coincidencias y eso es todo. Espero no ser nunca jamás un oficialista.

-La sociedad actual está inmersa en la cultura de la imagen. Casi todo es imagen. Sin embargo, cuesta mucho tener espacios para la imaginación. Se podría decir que incluso el poder es pura imagen, pero la imaginación todavía no llegó al poder e incluso la imaginación hoy está cada vez más alejada de la sociedad…
-Intuyo que es un problema global. La imaginación, que es contenido, está ausente en términos generales de nuestra época. Hay dificultades para pensar por sí mismo y se cae en repetir como loros lo que otros han pensado, a veces incluso sin comprender del todo. Me gusta la imagen, vivo de ella, pero cada vez soy más exigente con la misma imagen y cada vez me inclino por aquellas que tienen un pensador detrás. Hoy cualquiera puede dibujar y crear una imagen, pero darle contenido sigue siendo siempre el gran desafío.

Miguel, ese niño grande

Por Daniel Enz (*)

Loco lindo. Soñador. Genio. Niño grande. Con un corazón inmenso. Bostero y futbolero de alma. Creativo. Amigazo. Humilde. Pura convicción y compromiso con la vida. Con la libertad. De esos que siempre están. De los que nunca niegan una mano. De los que lloran; ríen o putean. Siempre con la misma pasión. Con el mismo amor y afecto. Al que, ante cada salida espontánea, en tal o cual situación, dan ganas de matarlo o abrazarlo. Y podría ser hasta con la misma intensidad. Dueño de un arte maravilloso, que siempre nos lo regaló a todos con la generosidad que lo caracteriza. Y nos hizo crecer y disfrutar, en estos casi 30 últimos años, con cada cuadrito, con cada personaje, con cada dialoguito. Algo de eso es Miguel Rep.

(*) Daniel Enz es director del Semanario Análisis.


Por Nahuel Maciel
EL ARGENTINO ©

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