Gualeguaychú | Entre Ríos | Argentina
domingo 19 de agosto de 2018

La generosidad: Asignatura pendiente de los políticos

Sin embargo, esa preocupación termina arruinando sus gestiones, aun cuando logren su objetivo inmediato.

Algo de esto pasa entre nosotros: Gualeguaychú necesita compartir un sueño colectivo. Una nueva utopía que logre alinear sus fuerzas en pos de un objetivo común. La convocatoria a definir ese sueño es responsabilidad del municipio, quien debe ceder su orgullo de ejercer el mando, para poder sumar el ingenio, la imaginación, las ocurrencias, los desvelos, y el esfuerzo de todos. En otras palabras: La energía de toda la comunidad. Para esto un gobernante debe ser humilde. Debe entender que no está en el gobierno para hacer lo que le parece, o al menos no principalmente para eso. Tiene un deber superior, que es el de convocar, acompañar, posibilitar, y si le es posible liderar, los sueños comunitarios.

Lo que les digo no es un deliro: Hubo gobernantes que así lo hicieron. Para citar algunos que no fueron de mi partido puedo señalar a don Alberto Bibé, que en los ‘70 abrió sus puertas a los anhelos pujantes de jóvenes trabajadores, comerciantes y profesionales que crearon la Corporación del Desarrollo de Gualeguaychú y el Parque Industrial, la fuente de trabajo genuino más calificada y poderosa con que cuenta nuestra ciudad aún hoy en día. No le importó a aquel intendente que al frente de esos emprendedores estaban varios que no formaban parte de su fuerza política.

Otro ejemplo de esa generosidad lo tuvo en los ‘80 Manuel Alarcón, que convocó a un Consejo Consultivo de Planeamiento en el que numerosas instituciones y profesionales de la ciudad pusieron en juego en forma gratuita su preparación y capacidad al servicio de la causa común. El Corsódromo, la Avenida Parque, la Terminal, y el volcado de fluente industriales aguas abajo fueron algunos de los frutos que nos legó ese acto de desprendimiento del intendente Alarcón.

Uno de los peores pecados que puede cometer un gobernante es despreciar la energía de los ciudadanos, que son el mayor capital de una ciudad.

El mundo está cambiando a pasos agigantados, a tal punto que hoy en día no avanzar no significa estar en el mismo sitio, si no retroceder violentamente. Esos cambios se están dando en la cultura, en la producción, en las formas del trabajo, las comunicaciones y los desplazamientos. No podemos seguir mirando la realidad como si estuviéramos en el siglo XX, y menos todavía bajo el prisma de modelos que ya eran atrasados en aquel entonces. El mundo de hoy es muy distinto del de hace 20 años, y el de 2040 será mucho más diferente aún.

Gualeguaychú necesita definir una nueva utopía a nivel comunitario. Digo una, aunque tal vez puedan ser varias, pero esto no puedo decirlo yo, ni ningún intendente, sino que debe surgir de los consensos, y para eso es necesario que un gobierno los convoque, con generosidad, humildad y verdadera inteligencia.

 Por Darío Carrazza

Presidente Comité UCR Ciudad de Gualeguaychú


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