Gualeguaychú | Entre Ríos | Argentina
Wednesday 28 de October de 2020

Si Dios es peronista pues que confiese sus pecados

Si Dios es peronista pues que confiese sus pecados

No vamos a ponderar los años malos de Macri, pero no podemos silenciar que el peronismo salvo esporádicos gobiernos opositores interrumpidos por golpes militares, no fue ajeno a ésta situación y gobernó el país hace años.

 

Jorge Pedro Jurado (*)

(Colaboración)

 

Los ejemplos de esto son la provincia de Buenos Aires donde estuvieron 28 años e Insfrán en Formosa que no se despega de su sillón desde 1995.

Para los desmemoriados, hace 75 años Perón fue a la vez vicepresidente de la Nación, secretario de Guerra y secretario de Trabajo y Previsión del gobierno militar que derrocó al presidente Castillo, o sea que Perón se inició como un golpista en su carrera política.

Enfrentado con el Ejército le piden la renuncia, ordenan su detención y llaman a elecciones. Perón huyó y se escondió en el Tigre donde fue detenido y llevado a Martín García. Aprovechando esa situación arengó a los sindicatos para que exigieran su libertad mediante una movilización orquestada.  Mientras tanto, argumentando problemas de salud pidió su traslado al Hospital Militar el 17 de octubre de 1945.

Tal su plan, los trabajadores salieron a las calles a corear consignas a su favor. La cúpula militar en un primer momento creyó que era una amenaza y confiaba que con el correr de las horas iba a disiparse. Sin embargo, ocurrió lo contrario, se volvió cada vez más cuantiosa. Para algunos llegaron a ser cientos de miles. Para otros, millones. Nadie lo sabrá.  Por eso el Ministro de Guerra Ávalos aceptó dialogar con Perón para armar un pacto permitiendo que Perón se dirigiera a los manifestantes para tranquilizar lo que él mismo había orquestado.

Salió al balcón de la Casa de Gobierno y habló al pueblo donde prometió seguir con su defensa a los trabajadores, les pidió que volvieran a sus hogares, pero les solicitó que al día siguiente hicieran un paro como forma de negociar su liberación.

Luego la historia es conocida por todos. Se presentó como candidato a Presidente y ganó por el 52 por ciento de los votos. Esto es lo sucedido.

Así las cosas y yendo a la celebración del sábado 18 pasado faltó a la verdad el presidente Fernández al decir que ellos son las únicas víctimas del odio. Las disputas entre peronistas y antiperonistas se originan en 1946.

Recuerdo de niño que mi padre y un tío mío eran empleados del Banco de la Nación Argentina y mi abuelo Pedro Jurado había fallecido en febrero de 1951 y tal la costumbre mi padre llevaba un brazalete de luto en su traje. Mi tío en cambio fue despedido del Banco por negarse a ponerse luto por el fallecimiento de Eva Perón en julio de 1952. Así que señor Fernández no invente relatos que no existen. Eso fue odio.

Siguió faltando a la verdad el señor Fernández cuando afirmó que fue el peronismo quien le dio a los trabajadores derechos laborales elementales. La primera norma laboral que se registra en Argentina fue la Ley 4661 que estableció el descanso dominical sancionada en 1905, cuyo autor fue Joaquín V. González, (Perón tenía 10 años y apenas jugaba a la bolita).

Es considerada como la “primera ley obrera” y el puntapié para otras leyes laborales. En 1907 se sancionó la Ley 5291, regulatoria del trabajo de mujeres y niños. Tiempo después en 1912, el Congreso sancionó la Ley 8999 –basada en proyectos de José Luis Cantilo y Alfredo Palacios–, que ampliaba las funciones del Departamento de Relaciones Laborales.

Argentina fue así uno de los primeros países en el mundo en tener una dependencia estatal dedicada a tratar problemas inherentes a las relaciones laborales. En materia de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales, en el año 1915 se sancionó la Ley 9688 que estuvo vigente –con modificaciones– hasta 1991. Fue modelo y precursora en todo el continente americano.

En 1929 se sancionó la Ley 11544, la cual reguló la duración de la jornada laboral y se encuentra vigente hasta hoy en día. En 1933 se sancionó la ley a través de la cual se introdujeron medidas protectoras más importantes para los trabajadores, indemnizaciones y vacaciones pagas.

Fueron algunos de los derechos más importantes para el sector obrero, aunque en este momento solamente eran para trabajadores de comercio. En materia de protección al trabajo femenino en 1934 se sancionó la Ley 11933 a través de la cual se estableció la licencia por maternidad obligatoria desde los 30 días previos al nacimiento y hasta los 45 días posteriores.

Como se puede advertir, el peronismo aún no existía. Fue recién en 1945 cuando el entonces Secretario de Trabajo y Previsión Juan Domingo Perón generalizó el derecho a gozar de vacaciones pagas a los trabajadores de todos los sectores. Como podemos ver, no fue el peronismo el artífice más importante de los derechos laborales. En todo caso, si de la creación de los sindicatos, burócratas millonarios que pululan años y años en sus cargos. Señor Fernández infórmese antes de hablar.

¿Me pregunto entonces que festejaban hoy los que salieron a la calle el pasado 17 de octubre? Los mismos que criticaron el banderazo del 12 de octubre salieron a pie. Muchos en autos nada baratos, algunos sin barbijos. Enorme cantidad fue llevada en cientos de micros que quedaron estacionados en la 9 de julio en la zona de Constitución y parte del Puente Pueyrredón. O sea, había autoconvocados y otros llevados a la fuerza.

Volviendo a nuestra pregunta: si fueron a festejar lo que pasó hace 75 años parece tendría sentido, aunque no vimos ni una flor en las tumbas de Eva ni Juan Perón. Si fueron a apoyar al Presidente Fernández tiene más sentido máxime que la señora que lo llevó al sillón de Rivadavia ni asomó la nariz a la calle.

Asumimos que no fueron a festejar el 40% de inflación anual proyectada, ni el 50% de desempleo, ni la cotización del único dólar que sirve a la gente que trepó a $ 195 el último viernes, ni la ofensiva pobreza del 60%, ni la caída de la economía en 20 puntos, la pérdida de más de un millón de puestos de trabajo, ni el millón de casos de coronavirus, ni los casi 30 mil  fallecidos, ni ser el quinto país del mundo con mayor cantidad de muertos, ni el primer país con mayor cantidad de días de cuarentena, ni el aumento increíble de casos de inseguridad, ni la usurpación indiscriminada de tierras públicas y privadas sin que actúe ni la autoridad política ni la justicia, ni la liberación de presos con condenas firmes, ni la falta de crédito internacional, o la absoluta falta de confianza de inversores, o que empresas y jóvenes se van del país porque acá no hay ningún futuro.

Ahora, si fueron a festejar eso y a gritar ¡“Viva Perón”! y cantar “combatiendo al capital” entonces por favor me internan.  Estoy demente.

 

(*) El autor de este artículo es abogado, poeta, escritor de cuatro libros y el próximo en edición. Columnista de radio y de EL ARGENTINO y director del diario El Censor que se publica en forma digital por la red de Facebook.

 

 


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La memoria compartida se cuenta con el corazón: “Con el bastón basta y sobra”

Por Amalia Doello Verme (*)

EL ARGENTINO

 

Tener una tía es algo hermoso. Pero tener a Maruca como tía fue una bendición.

Nos dejó el mejor de los ejemplos, crío a sus cuatro hijos a pesar de la temprana viudez.

María Verme de Aguirre estuvo con nosotros hasta los 101 años.

Casada con Don Santos Aguirre, quien fue uno de los tripulantes de la draga, cuya trágica historia todos los mayorcitos conocemos.

Después de vivir varios años en Buenos Aires, se radicó en Gualeguaychú en la zona del Corsódromo. Como el barrio se había puesto “pesado”, hizo colocar rejas en puertas y ventanas, pero del lado de adentro.

Es muy probable que los “muchachos rateros” hayan hecho la logística para atacar a la abuela que vivía sola y que para caminar usaba un bastón.

Su estatura pequeña la hacía más vulnerable (diríamos presa fácil).

 

Primer intento (fallido)

 

Como todos los domingos, tipo dos de la tarde, caía la tía Maruca a visitar a mi mamá con el paquete de galletitas surtidas que al llegar a la tardecita ya se las habían comido todas.

Ese domingo llegó y se notaba que traía una novedad, no se hizo esperar el relato.

Una mujer joven, con una canasta llena de hilos, repasadores y toallas se paró en el portoncito de entrada que distaba unos dos metros del zaguán donde ella estaba sentada con sus pies en el sol.

La mujer agotó todas las formas para convencer a doña Maruca para que se acercara al portón y le abriera así le mostraba lo que llevaba en la canasta.

Cansada la tía de la molesta mujer, se paró y muy decidida cruzó su bastón por el tramado del portón y mientras le decía: no quiero nada, no te voy a abrir… ¡ándate!

Le hincaba el bastón al que le había hecho poner un cabezal de goma y un clavito.

Al sentir la mujer el pinchazo, pegó un grito y salió corriendo hasta la esquina donde dos muchachos la esperaban.

 

Segundo intento (fallido)

 

Pasaron varios domingos en que escaseaban las novedades. La tía se mostraba feliz porque había hecho colocar rejas nuevas en las dos ventanas que daban hacia la calle Ayacucho, pero le pidió al albañil que las colocara del lado de adentro.

El domingo llegó con la cara roja por el calor tórrido de la siesta y un chemise en color celeste con un pañuelo blanco atado en la cabeza y “las espores” negras. Verla era un primor.

Después que se refrescó y tomó agua, comenzó el diálogo.

-Pero tía -dijo mi mamá-, hace mucho calor, le puede hacer mal (se trataban de usted)

Ella respondió con una frase aplicable entre parientes y amigos.

-Mirá, si porque haga calor vamos a dejar de vernos…

Se rieron, sacaron las sillas al patio y se sentaron a la sombra.

Luego me sumé a la rueda y la tía comenzó a contar:

-He dormido poco, porque anoche me despertó un ruido, me vestí, agarré el bastón y despacito llegué a la cocina y vi una mano tanteando. Al encontrarse con la reja de adentro, agarré coraje y con toda la fuerza le pegué tres o cuatro bastonazos. El hombre gritó, puteó, maldijo y saltó la reja de afuera y se fue.

Nosotras habíamos enmudecido.

Ella continúo: El vecino de enfrente que justo llegaba con su remis, vio la celosía abierta y llamó a la Policía, que llegó enseguida y constató que estuviera bien.

-Usted no puede estar sola, le dijo mamá.

-Lo mismo me dicen Horacio y Sandra que quieren que me vaya con ellos, pero no quiero molestar a mis nietos.

Maruca nos acompañó hasta los 101 años.

 

(*) Amalia Doello Verme decidió en esta pandemia traer e la memoria “muchas de las historias vividas, y me pareció que sería bueno compartirlas con los vecinos que fueron protagonistas de estos relatos”, sostiene la autora y agrega: “Mi intención es sacarles una sonrisa y hacerlos viajar en el tiempo para revivir de alguna manera momentos dramáticos y otros humorísticos”.


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