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Thursday 9 de July de 2020

Femicidio de Cecilia Basaldúa: en la ciudad se reclamó por verdad y justicia

Femicidio de Cecilia Basaldúa: en la  ciudad se reclamó por verdad y justicia

06/25/2020 |Cecilia Gisele Basaldúa fue encontrada sin vida el 25 de abril en Capilla del Monte, Córdoba. Su femicidio sigue impune.

 

Por Nahuel Maciel

EL ARGENTINO

 

“Mi madre preocupada y alterada me buscaba // cuarenta y ocho horas, espérela señora le decían. // Yo desaparecida, ella desesperada se aferraba a mi fotografía pegada en las esquinas // y con fe rezaba para abrazar a su hija. // Mientras yo sigo sola, desnuda en el desierto, // acariciada por el viento, ya no siento dolor, // estoy en un lugar mejor, descansando. // Mi tiempo lo acabaron, pero volveremos a vernos // y a tomarnos de las manos sin más sufrimientos”. Así cantan muchas personas en este continente que tiene tantos dolores. En este caso, se trata de un fragmento de “Así era ella”, una pieza de rap que relata escenas del dolor de los innumerables feminicidios que se cometen en esta tierra y en este tiempo. Pertenece a Batallones Femeninos, una banda musical mexicana dedicada a denunciar -mediante la música-, la violencia que viven las mujeres.

“Yo desaparecida, ella desesperada”: una síntesis de la angustia, y también el umbral de la injusticia.

Cecilia Gisela Basaldúa, desapareció el 5 de abril último y fue encontrada asesinada el sábado 25 de abril cerca de la localidad cordobesa de Capilla del Monte. Llegó a esas tierras con la idea de escribir sobre sus viajes y la vida; y la muerte patriarcal la acechó con su lobreguez hasta apagarla.

Se trata de una muerte violenta, ya que su cuerpo presentó signos de estrangulamiento, según los primeros resultados de la autopsia. Los médicos forenses también detectaron que el cuerpo presentaba “heridas defensivas en distintas partes, cuya naturaleza y extensión deben ser complementadas con estudios anatomopatológicos y químicos, entre otros”, precisó el informe del Ministerio Público Fiscal (MPF) cordobés.

Cecilia Gisela tenía 35 años, era oriunda de Buenos Aires y viajaba como mochilera. Y así como la muerte patriarcal la eclipsó con su lobreguez hasta apagarla; el amor de los suyos ahora arrebata de la muerte esta historia e ilumina la necesidad de verdad y justicia para darle sentido a la vida.

Fue vista por última vez el 5 de abril último en la localidad cordobesa de Capilla del Monte, en el Valle de Punilla, cuando pasó por una casa para pedir agua. Algunas de sus pertenencias fueron halladas en la casa del hombre en la que se alojaba: se trata de Mario Mainardi que nunca fue molestado por la Policía; y otras fueron detectadas en la zona de Tres Puentes, pero no se encontró su riñonera donde guardaba sus documentos.

Susana y Daniel Basaldúa son los padres de Cecilia Gisele; y junto a sus hermanos y un grupo enorme de amigas y allegados vienen reclamando, suplicando, exigiendo, Verdad y Justicia. Saben que sólo la verdad de lo que ocurrió con ella, les brindará un poco de paz en medio de tanto dolor y angustia. Saben que sólo la Justicia les brindará un poco de tranquilidad en medio de tanta impunidad y arbitrariedad.

Es cierto que las autoridades cordobesas realizaron rastrillajes y búsquedas, pero también es innegable que no lo hicieron con celo profesional y que al principio prevaleció el prejuicio: una mujer soltera, mochilera y más de un funcionario pensó que se había ido.

Después de casi veinte días de búsqueda, de repente apareció su cuerpo el 25 de abril. A las pocas horas, la Policía junto a la Fiscalía intentaron comunicar que tenían el caso resuelto porque habían detenido a una persona de 23 años, aunque su familia sostiene que es inocente y que lo toman como a “un perejil”. Se trata de Lucas Adrián Bustos. Muchos creen que en realidad la Policía de Córdoba trata de tapar algo. No será la primera vez, sobran los antecedentes.

“El tapar” es una antigua artimaña de la Policía y de los fiscales para ocultar, disimular o querer encubrir errores iniciales en la investigación y para ello es indispensable tener “un perejil” a mano. La historia del país está llena de esta experiencia: para darle impunidad al real homicida (que puede ser de una familia acomodada de la sociedad o incluso alguien que calza uniforme o el celular de un político de turno), “el perejil” es la persona ideal. Como otras veces, “el perejil” apareció en esta escena y por eso casi todos desconfían de este hallazgo “investigativo”.

Mientras tanto, el dolor no cesa; se expande y crece al no encontrar explicación seria, inobjetable, realista y que sea congruente en cómo realmente ocurrieron los hechos. Sólo la verdad: nada más que la verdad; imploran los familiares y amigos y ahora la sociedad en su conjunto comienza a sumar sus corazones.

Sólo Justicia, nada menos reclaman sus seres queridos y lo reclaman para ella, que no tuvo justicia y fue arrebatada de su propia vida.

Hay un dato que no puede pasar desapercibido: es muy difícil que esta muerte violenta haya sido provocada por una sola persona. Cecilia Basaldúa tenía conocimientos de artes marciales y defensa personal y era muy deportista. Fue parte de la selección argentina de hockey sobre hielo que jugó el Panamericano en México, además de haber recorrido una docena de países latinoamericanos en los últimos cuatro años y medio y casi siempre sola, kilómetro a kilómetro y sin sufrir ningún altercado ni conflicto. Deportista, la suya era una vida sana; sin extremos; centrada en los mejores sentimientos: así lo atestiguan quienes la conocieron.

Ayer, en la Costanera se realizó una propuesta artística (el arte siempre derrota al olvido y es hija de la vida) para continuar exigiendo lo mínimo: verdad y justicia.

“Nada es imperecedero, todo cambia, todo se mueve, todo viene y va. Debo disfrutar hoy todo lo que tengo, y todo lo que soy; porque mañana puede ser muy tarde”, fue la reflexión de la convocatoria que lleva como firma estampada un nombre que nadie debe olvidar: Cecilia Gisele Basaldúa.

Gisela Bértora vive en Gualeguaychú y es parte de este movimiento que traslada esta historia para que arda en cada corazón y el olvido no sea la excusa perfecta para los impunes se sigan mofando de la vida.

“A Cecilia la conocí aproximadamente en 2009-2010 en el Rosedal de Palermo. Ella estaba jugando Roller Hockey y si bien yo jugaba desde los seis años Hockey sobre césped; me acerqué y pedí para integrarme. Ella estaba ahí y ese fue mi primer día de Roller Hockey y con ella”, recuerda Gisela Bértora con un tono de voz que tiñe las palabras de emoción.

“Al poco tiempo armamos un equipo mixto, que se llamaba Calamardo y más tarde otro formado por mujeres que se llamaba Calamarda. Y con ella coincidimos en México, cuando nos decidimos a viajar”, relata Bértora.

“Si bien hacía varios años que no nos veíamos, estábamos siempre en contacto porque nos pasábamos datos sobre lugares y personas en los viajes que hacíamos cada una por separado”, destacó.

Sobre los últimos días de Cecilia Basaldúa en Córdoba, Bértora confió a EL ARGENTINO que primero se enteró de su desaparición. “La buscamos durante veinte días y el 25 de abril nos enteramos por los medios de comunicación que habían encontrado su cuerpo”.

Con respecto a lo vivido ayer en la Costanera, indicó que, en medio de esta angustia y dolor, la jornada permitió sentir el apoyo de la gente, “el saber que no estamos solos” y de inmediato pensó en los familiares de Cecilia.

En cuanto a lo expuesto en la Costanera, fue un diálogo sostenido con diferentes lenguajes, porque las personas se acercaron cada una con sus expresiones y talentos y se compartieron algunos de los escritos de Cecilia, que seguramente en algún momento tendrán destino de libro. No es casual que la palabra escrita derrote a la muerte. Verdad y Justicia es el reclamo: el Estado adeuda su respuesta.

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