Gualeguaychú | Entre Ríos | Argentina
Friday 7 de August de 2020

A raíz de la pandemia creció el número de personas con necesidades insatisfechas

A raíz de la pandemia creció el número  de personas con necesidades insatisfechas

07/04/2020 |La pandemia por el coronavirus que azota el mundo entero, casi sin excepción, también golpea duro en Gualeguaychú. A los aspectos sanitarios que se deben atender como una prioridad de acción de gobierno, se le debe sumar una materia en extrema sensible como es la asistencia –especialmente en alimentación- de los sectores más vulnerables.

Por Nahuel Maciel

EL ARGENTINO

 

A esta primera lectura se le debe sumar –como un agravante- otro estamento que ha manifestado la necesidad de ser asistido en materia alimentaria: se trata de un grupo familiar o social que nunca antes había recurrido a esa asistencia social.

La pérdida de fuentes laborales, la ausencia de las llamadas “changas”, la paralización casi generalizada de la economía son acaso uno de los rostros no deseados de esta pandemia, pero cuya crisis todavía no se ha expresado en toda su magnitud.

No obstante, según datos oficiales del área de Desarrollo Social de la Municipalidad, en los últimos meses se ha triplicado la demanda en asistencia. Este concepto, según relevó EL ARGENTINO, se comprueba también con el testimonio de aquellas instituciones que no son del Estado pero que tienen un fértil arraigo en materia de promoción humana como es el caso, a manera de ejemplo, de Cáritas Diocesana.

Para dimensionar el drama social –atravesado y agudizado por la pandemia del coronavirus- de once espacios vinculados con la solidaridad alimentaria se registran en la actualidad 51 lugares, casi todos ellos articulados en el esfuerzo entre el aporte público y las instituciones de bien público.

Para conocer estas realidades hirientes al decir del Papa Francisco, EL ARGENTINO dialogó con el equipo de Desarrollo Social de la Municipalidad que es dirigido por Hugo Boari y está integrado por Viviana Peñalba (encargada del centro de abastecimiento, coordinación y logística), Alberto Pérez Gont y Alison Gill (responsables del área de Economía Social), además de Mercedes Nieto (responsable del área Niñez) y de las técnicas Elina Schawman y Melisa Raffart.

Si bien son siete voces diferentes, el punto en común está centrado que antes de la pandemia era más visible el trabajo territorial vinculado con la promoción humana integral: estrategia que respondía al objetivo de que cada persona pudiera incorporar herramientas que le permitieran una sustentación en el tiempo relacionada con el logro de la autonomía para cubrir sus necesidades básicas insatisfechas.

En tiempos de la pandemia, ese objetivo no se abandonó; pero los esfuerzos están direccionados más hacia la labor asistencial.

Exactamente el mismo pensamiento y experiencia registran en la labor de Cáritas Diocesana, en la voz de su directora, Analía Melgarejo de Régoli.

 

Estrategia Alimentaria

 

Teniendo en cuenta el registro de las últimas reuniones del equipo de Desarrollo Social realizadas en la segunda y tercera semana de junio, se puede aseverar que, en la actualidad, en la ciudad se impulsan tres niveles de acompañamiento:

1) Nacional: son transferencias de ingresos a las Provincias y Municipio y otros de manera directa a las familias.

El Programa Nacional de Seguridad Alimentaria contempla: Programa Materno Infantil; Programa de Comedores Escolares, Centros de Desarrollo Infantil; Pro-Huerta; Asignación Universal por Hijo (AUH); Tarjeta Alimentar y el llamado Ingreso Familiar de Emergencia (IFE).

 

2) Provincial: la política alimentaria provincial vigente se canaliza a través del Ministerio de Desarrollo Social de Entre Ríos. Se trata de la tarjeta Sidecreer; las tarjetas Sidecreer destinadas para comedores escolares y clubes, entre otros; copa de leche y refuerzo alimentario.

 

3) Municipal

La ciudad cuenta actualmente con diversas estrategias de refuerzo alimentario:

* Acompañamiento en el acceso a los sistemas basados en transferencia de ingreso (AUH, Tarjeta Alimentar IFE).

* Programa Materno Infantil: la prioridad son las embarazadas y niños/as menores de 2 años y niños/as con bajo peso o crecimiento lento.

* Tarjeta Sidecreer.

* Entrega de leche en polvo a familias con niños/as en situación de vulnerabilidad social.

* Asistencias económicas de emergencia.

*Módulos alimentarios (se trata de un módulo mensual, para personas diabéticas e hipertensas, celíacas y refuerzo de emergencia).

* Entrega de mercadería para los espacios de apoyo a la infancia (a comedores y merenderos comunitario, principalmente, pero no los únicos).

 

Las últimas tres se sustentan básicamente con presupuesto municipal, siendo las dos últimas destinadas directamente a paliar la situación alimentaria.

“La situación de pandemia generó un aumento exponencial en la demanda. Esto se tradujo en una continua gestión por parte de grupos y organizaciones de iniciar el proceso de apertura de nuevos comedores y/o merenderos o de aumentar esos aportes a los espacios existentes. Solo en la semana del 15 al 20 de junio se acumularon 12 peticiones de apertura de nuevos espacios”, se reconoce desde la Secretaría de Desarrollo Social.

Preocupados por esta situación desde dicha Secretaría se convocó a una serie de reuniones con profesionales, funcionarios, referentes comunitarios y mesas de gestión, para compartir datos cuantitativos, desarrollar un primer análisis crítico de esos datos y de las causas que podrían estar coadyuvando a su producción y para pensar estrategias hacia futuro.

Eso está referido a la necesidad de mejorar la eficacia y eficiencia en la inversión a partir de un mayor control, racionalización y equidad en el uso de los recursos municipales; pero también a la de gestionar un mejor aprovechamiento de los recursos provinciales y nacionales que impactan a nivel local.

En síntesis: “potenciar el capital social acumulado en término de energía solidaria desplegada por instituciones, organizaciones y grupos comunitarios para paliar la situación de pandemia”.

 

Lecturas y experiencias

 

De la experiencia con la aparición de la pandemia por el coronavirus, desde Desarrollo Social se indicaron algunos datos cuantitativos que permitir evaluar la situación actual:

1) Módulos alimentarios

La implementación de la Tarjeta Alimentar, en el inicio de su implementación, disminuyó la demanda de módulos alimentarios en la primer y segunda semana de marzo.

No obstante, a partir de la emergencia sanitaria en el mismo mes (marzo) se produce un aumento del 21 por ciento comparado con el mes anterior.

De marzo a mayo se incrementa un 217 por ciento los módulos de urgencia y se incorpora otro módulo para reforzar al primero. 

Estos incrementos a su vez se dieron de diferente manera en cada uno de los Centros de Atención Primaria de la Salud y Centros de Integración Comunitarios y el incremento del 217 por ciento responde a diferentes realidades territoriales de la ciudad.

Las variables que explican este aumento, es que se decidió “acompañar con módulos a las familias de los niños y niñas que asistían al jardín o espacios de apoyo a la infancia comunitarios, vinculados con el Municipio, para evitar la circulación de personas”, se indicó desde la Secretaría de Desarrollo Social.

 

2) Espacios de apoyo a la infancia y la familia (merenderos y comedores)

Hasta el inicio de la pandemia desde el Municipio se colaboraba con alrededor de treinta espacios de apoyo a la infancia y la familia.

Este apoyo se ofrecía como complemento de alguna actividad socio educativa y/o cultural que estas organizaciones (clubes, casas particulares, centros comunitarios, comisiones vecinales, entre otras) desarrollaban.

A parir de la pandemia se pasó de 30 a 55 espacios a los que se asiste semanalmente con raciones de alimentos.

Las mismas crecieron de diez mil en enero a 55 mil en junio, lo que representa un aumento del 550 por ciento.

Ese dato traducido en dinero implicó una inversión social en enero de 2.884.180 pesos; mientras que en mayo esa misma inversión fue de 6.018.824 pesos.

 

Desafíos

 

Tanto para la Municipalidad como para cualquier otra organización o institución que desarrolla su labor en el campo social de la solidaridad, este crecimiento de las necesidades será imposible de sostener tanto a nivel de los recursos monetarios, como a nivel de la logística necesaria para contener dicho crecimiento.

A partir de este planteo, surgen también la necesidad de transparentar muchas situaciones en materia alimentaria, a saber:

1) ¿Todos los comedores o merenderos que están funcionando se justifican en una necesidad real de la comunidad o puede que un porcentaje de ellos se sostengan más por una necesidad propia de la organización que lo lleva adelante (de protagonismo, de desarrollo social o político, entre otras motivaciones), es decir, que se haya instalado una dinámica comunitaria que potencie un tipo de respuesta y que cobre una inercia de crecimiento más allá de esa necesidad real?

2) ¿Es necesario y posible desarrollar estrategias para mejorar el uso de los recursos de AUH, IFE, Alimentar? De ser la respuesta positiva, ¿esto descomprimiría el recurso puesto en los comedores/merenderos comunitarios?

3) ¿Es posible mejorar la gestión para recuperar los recursos que llegan desde la provincia a través de los comedores escolares, teniendo en cuenta que actualmente en un gran porcentaje no se están ejecutando? Prueba de ello es que bajan las raciones en las escuelas, pero suben en los comedores/merenderos comunitarios.

 

Nueva estrategia

 

Desde la Secretaría de Desarrollo Social se está madurando a la luz de la experiencia, realizar una especie de cambios progresivos que permitan potenciar la respuesta local de asistencia alimentaria.

Como propuesta se está pensando en retomar “La mesa argentina contra el hambre”, estimular el compromiso del sector privado que ha dado muestras importantes de acompañamiento, y gestionar mayores recursos provinciales y nacionales, además de promover las huertas familiares y comunitarias y generar un banco de alimentos dentro de las iniciativas vinculadas con la solidaridad.

“Pasar de un sistema basado en entrega de alimentos hacia otro de transferencia de activos directamente a los destinatarios”, se sostiene desde la Secretaría de Desarrollo Social.

Esto permitiría “procesos de mayor dignidad y libertad en la población beneficiada”, “favorecería la transparencia y la equidad a partir de un mayor control, registro y cruce de datos referidos a los destinatarios y los beneficios que reciben”, “desarrollaría las condiciones para orientar los recursos asignados hacia la economía social, el desarrollo local y avanzar hacia una alimentación sana, segura y soberana”.

 

Comiendo en familia

 

El Programa “Comiendo en familia” tiene como propósito la “transferencia directa de activos a los destinatarios a partir de la utilización de un formato de bonos, tarjetas o un sistema virtual al estilo de Moneda Par”.

Tal como se plantea en el programa “la propuesta intenta favorecer las características deseables ya mencionadas (agilidad en los flujos presupuestarios, transparencia del uso de los recursos y autonomía para las/os titulares).

Si bien la iniciativa es extensa y profunda, la estrategia implica promover el consumo saludable; colaborar con la organizar de procesos de compra comunitaria; favorecer el contacto con productores locales (eliminando los intermediarios que encarecen los productos esenciales); organizar ferias comunitarias; y una evaluación y seguimiento de la marcha del programa.

 

Cáritas Diocesana

 

La experiencia de Cáritas Diocesana permite también reconocer una radiografía similar a la Municipal: de promover en el territorio herramientas para que las personas puedan lograr el auto valimiento para satisfacer sus necesidades básicas, la pandemia los obligó a estrategias concentradas en el asistencialismo. Saben que es algo temporal, pero necesario.

Analía Melgarejo de Régoli es la directora de Cáritas Diocesana y explicó a EL ARGENTINO que la diócesis está organizada en zonas pastorales. Pero Cáritas Diocesana se dividió en dos grandes grupos: uno que actúa desde Gualeguaychú y otro desde Concepción del Uruguay. Y desde ahí animan en cada Departamento a cada una de las parroquias.

“Las Cáritas parroquiales son quienes se dedican a la asistencia, a la ayuda e impulsar la acción de Cáritas a todos aquellos que la necesiten”, indicó Analía Melgarejo, quien destacó esa labor casi anónima pero perseverante, responsable y que derrota la indiferencia que muchas veces padece el más necesitado.

“Como Cáritas Diocesana animamos y fomentamos este tipo de actividades. En estos momentos por la pandemia del coronavirus, las Cáritas Parroquiales están dedicadas a la asistencia; aunque sepamos que Cáritas pone el acento en la promoción integral de las personas”, definió Analía Melgarejo.

“Al principio de la pandemia, cada parroquia, con sus propios recursos, colaboraba con la población más vulnerable. Pero, con el correr de la experiencia específica, se percibió que estas personas también eran asistidas por el gobierno. Por eso en muchos lugares se decidió trabajar en coordinación con los Municipios o los Centros de Salud, de modo de evitar superponer la asistencia. En otras palabras, evitar superponer esfuerzos en un mismo destinatario y lograr que los recursos que siempre son escasos, lleguen a la mayor cantidad posible de personas”, recalcó como diálogo positivo entre la acción de Cáritas y las del gobierno.

Específicamente, en Gualeguaychú “estamos realizando una iniciativa que se llama Un Plato para tu Hermano y que consiste en una vianda semanal, que es mínimo, en un asentamiento ubicado en calle Las Tropas”.

“Allí, lo primero que hicimos fue un relevamiento y nos dimos cuenta que muchos eran asistidos por el Estado. Entonces concentramos el esfuerzo en aquella población que no era alcanzado por algún beneficio y nos dimos cuenta que eran casi todos adultos mayores”, describió Analía Melgarejo.

Melgarejo destacó que “en estos momentos estamos viendo que los más necesitados son los adultos mayores y apareció con la pandemia lo que llamamos nuevos pobres: son aquellas personas trabajadoras que han perdido sus fuentes de ingresos, que nunca habían recibido alguna ayuda por parte del Estado y que ahora necesitan que se les ayude. Y a ambos grupos estamos dándole prioridad, porque desde Cáritas salimos al encuentro de la realidad”.

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