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Saturday 24 de October de 2020

Querían subir al ring a Macri y pusieron en carrera a Larreta

Querían subir al ring a Macri y  pusieron en carrera a Larreta

09/13/2020 |   

Aunque Sergio Berni se esmere en apegarse a un relato que lo lleva a insistir en lo contrario, la crisis de la policía bonaerense sorprendió a su gobierno y, más aún, a la Rosada. Fue la excusa que llevó a Nación a acceder al reclamo interno de embestir contra la administración porteña, aun a riesgo de estar edificando al candidato más incómodo.

 

Por José Angel Di Mauro

 

Esta semana vuelve finalmente el fútbol. No el local, pero sí retoman los clubes argentinos que disputan la Libertadores. A regañadientes, pues si no fuera porque la Conmebol se puso inflexible, hubieran preferido que siguiera pasando el tiempo.

El torneo local, en cambio, tiene fecha de inicio incierta y prevalece la sensación de que se postergará un arranque que ni siquiera había sido confirmado, pero que ya se descuenta se trasladará a octubre. Pareciera que varios clubes de Primera -y más aún los del ascenso- están muy cómodos con el receso ininterrumpido. Muchos han arreglado con sus figuras descuentos de sueldo; no tienen que pagar premios; los socios abonan sus cuotas o ya se pondrán al día; los sponsors siguen  cumpliendo y la TV no dejó aún de pagarles… No recaudan por partidos, pero tampoco tienen el oneroso gasto de la seguridad…

Y llegamos adonde queríamos. Damnificados por la suspensión del fútbol son sin dudas los barras, que han hecho de esa actividad un muy rentable medio de vida. Por la suspensión prolongada han debido buscar otros ingresos y ahí es que se anotaron como mano de obra dispuesta en las tomas de tierras que proliferan: se ofrecen a usurpadores y damnificados. También afectadas por la falta de espectáculos públicos están las fuerzas policiales, que cada fin de semana recaudan mucho en concepto de seguridad.

Al Estado -nacional o provincial- le viene de maravillas, pues por esa vía privada sus efectivos ven engrosar sus magros salarios. Esa ausencia contribuyó a la rebelión de la policía bonaerense de esta última semana.

También afectadas por la falta de espectáculos públicos están las fuerzas policiales, que cada fin de semana recaudan mucho en concepto de seguridad.

Nadie vio venir el estallido, aunque cuando el verborrágico ministro de Seguridad bonaerense recuperó el habla el jueves pasado repitió una y otra vez que sabían del mal clima imperante y que lo que pasó no los tomó por sorpresa. Cuesta creerlo. No es lo que en esos días de zozobra se escuchaba de las figuras más cercanas al Gobierno nacional. Muy por el contrario, un intendente del Conurbano que lleva varios mandatos al frente de su municipio confió a este medio su indignación por el manejo de la crisis por parte del gobierno provincial. Incluso iba más allá de esta coyuntura a la hora de criticar el modo de gestionar.

Tampoco adelantaron la asonada desde la AFI. El organismo, que según el gobierno actual se dedicó durante la gestión anterior a espiar a políticos y periodistas, tampoco alcanzó a dar el alerta correspondiente. Parecieran sus autoridades más interesadas en auscultar el pasado reciente que en anticipar el futuro inmediato.

Atento a que se trataba de un distrito sensible a los intereses de su mentora, el Presidente optó inicialmente por no referirse al conflicto, hasta que sí lo hizo en tono desafiante al tercer día, cuando la protesta llegó a las puertas de la residencia presidencial: “Este tema no se resuelve escondidos en patrulleros y tocando bocina”, disparó. Contribuyó a su enojo no solo que los uniformados hubieran ido hasta allí, sino que insólitamente rechazaran la invitación a que un representante pasara a dialogar con el Presidente. La teoría conspirativa escaló entonces a niveles preocupantes.

Fue el momento en el que la protesta se les fue de las manos a los agentes. El mayor o menor respaldo que podían haber recogido hasta entonces en la sociedad y, sobre todo, en la dirigencia opositora, se desperfiló. Las imágenes de policías armados rodeando la residencia presidencial representaron un inaceptable desafío institucional que generó el inmediato repudio de todos los sectores. Imprevistamente el gobierno vio así cómo se revertía su estado de desorientación y los rebeldes le regalaban la posibilidad de recuperar la iniciativa.

Mientras recibían muestras de apoyo, desde el gobierno invitaron a intendentes, oficialistas y opositores, a tomar parte de la presentación en la que se esperaba que Alberto Fernández diera una respuesta a lo que se vivía alrededor de la residencia. Aunque ya había trascendido durante el día que lo que finalmente se anunció estaba siendo analizado para proporcionar a la provincia de Buenos Aires los fondos para incrementar los sueldos policiales. El jefe de Gobierno porteño lo confirmó de boca del ministro del Interior. Los intendentes opositores que se sentaron detrás de Fernández para dar marco al discurso presidencial se tragaron el sapo al escuchar el discurso.

Sin embargo lejos estuvo de parecer un buen negocio para el gobierno. Cuando el objetivo del oficialismo debiera ser dividir a la oposición, la medida logró amalgamarla en torno a la figura que más crece en las encuestas. Horacio Rodríguez Larreta anunció que contestaría al día siguiente. Tuvo tiempo para hablar con todos los sectores internos y analizar qué decir y -sobre todo- el tono, mientras desde las redes sociales los halcones de la oposición pedían sangre. Ya ese miércoles habían logrado imponer el hashtag #MurióCambiemos, indignados porque sus dirigentes hubieran salido a condenar el acoso policial a la residencia de Olivos. Hay talibanes a ambos lados de la grieta… A lo largo del jueves sugirieron no atender más en los hospitales de la Ciudad a las personas provenientes de la provincia. Según cifras oficiales, el 40% de los pacientes que se atienden en los hospitales porteños vive en la provincia. Un dato más a tener en cuenta: un 26% de la matrícula de las escuelas públicas de la ciudad vive en el Conurbano.

No obstante, el jefe de Gobierno porteño no abandonó la moderación al hablar en la noche del jueves, aunque esta vez mostró un cuidado enojo que hizo la diferencia. Conformó a los propios y convenció a muchos ajenos. Sin diatribas, prometió llevar la disputa a la Corte, que era lo que se esperaba.

Rodríguez Larreta, que antes de la pandemia tenía un conocimiento nacional de no más del 25%, consiguió a partir de las presentaciones bimensuales junto al Presidente y el gobernador bonaerense elevar ese nivel a más del 80%, y una imagen positiva que según algunos consultores hoy supera a la de Fernández. El jueves tuvo 36 puntos de raiting, más que un partido de selección. Datos que justifican los fuertes reproches que se hicieron puertas adentro del oficialismo en las últimas horas, convencidos de que en lugar de subir al expresidente al ring, pusieron a Larreta en el centro de atención.  

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