Gualeguaychú | Entre Ríos | Argentina
Thursday 24 de June de 2021

Club Recreo Argentino - 1º de Mayo de 1860

05/08/2021 |      

Son ya 161 años, más de un siglo y medio de vida de una institución que, si bien hoy puede parecer estancada, tiene una historia que desmiente cualquier sospecha de inmovilidad. El Recreo Argentino ha sido un ejemplo de esfuerzo y trabajo constantes, un espejo donde la sociedad de Gualeguaychú puede mirarse y descubrirse moderna, próspera, pujante. Quizás, para algunos puede resultar ajena, pero la sede del Club ha sido testigo y protagonista de una parte importante de la historia del pueblo… “si esas paredes hablaran”.

Hugo Daroca

 

Ese edificio de 25 de Mayo. El Club Recreo y un largo sueño

 

La noticia del día. El presidente del Recreo Argentino señor Clavarino, ha dado el primer paso para llevar á feliz término el proyecto que la mayoría de sus consocios suponían irrealizable: dotar de casa propia al centro social más antiguo con que cuenta la provincia.

Ya ha comprado el terreno, medio sitio, propiedad de la señora Norberta O. de Piquet, en la calle Urquiza, punto el más céntrico de la población.

Bien por el Recreo Argentino y un hurra a su activo presidente![1]

 

Han pasado casi treinta años y el grupo de jóvenes fundadores, los pipiolos del sesenta, ya son hombres de trayectoria en la sociedad de Gualeguaychú. En apenas un par de décadas han construido un círculo social que se ha sostenido a pesar de los avatares de la historia, del asesinato de Urquiza, de la invasión jordanista, del enfrentamiento entre crudos y cocidos, de la imposición de Juan A. Casacuberta, de la “bolilla negra” para Olegario V. Andrade, de la elitista “sociedad del café”, de la decadencia progresiva del espíritu social. Más allá de todo, gracias al esfuerzo permanente de algunos miembros, la desaparición nunca llega, en su lugar: la biblioteca de Goyri (la primera biblioteca popular de Sudamérica), las relaciones interinstitucionales, los torneos literarios, las actividades culturales, las iniciativas en pos del pueblo, el apoyo a las ideas, la construcción de Gualeguaychú, la permanencia de la institución.

Sin embargo, aunque el anuncio de El Noticiero de ese 7 de agosto de 1888 hable de terreno comprado, de primer paso y de casa propia, lo cierto es que el Recreo Argentino deberá esperar veinte años más para inaugurar su sede.[2] En 1891, Luis Clavarino rescinde el boleto de compra-venta del terreno ubicado en calle Urquiza y decide echar atrás la construcción en ese sitio.[3] Vuelta a fojas cero, nueva espera de otros vientos.

 

Un lugar para el Recreo

Si alguien caminara por las calles de Gualeguaychú a comienzos del siglo XX, vería una ciudad moderna, en pleno crecimiento, emprendedora, en auge. Las dos primeras décadas del siglo pasado representan un hito en la modernización del espacio urbano, lo que se refleja en la arquitectura de entonces. En diferentes puntos de la ciudad se levantan las paredes de edificios emblemáticos: el Banco de Italia, el Hotel Comercio (de los hermanos Dellachiesa), los Tribunales, el Teatro Gualeguaychú. Fenómeno que no solo se produce en el centro, sino también en los barrios más alejados, incluso en las chacras (según lo atestiguan los periódicos de la época). No es casual que esa sea la época en que finalmente se ve concretado el proyecto de sede propia del Recreo.

Cuando el Banco de Italia y Río de la Plata decide construir una sucursal en Gualeguaychú, cuenta entre sus miembros a muchos integrantes del Club. La necesidad de adquirir un terreno para la entidad financiera, despierta la idea de una unión interinstitucional para comprar una parcela común en la que edificar las sedes de ambas instituciones. El nuevo presidente del Recreo, Eusebio Goldaracena, pone todos sus esfuerzos a disposición del emprendimiento para terminar con el peregrinaje del Club.

Es 1903, las dos entidades adquieren, en conjunto, un terreno ubicado en 25 de Mayo y Suipacha (actual Presidente Perón)[4] con la intención de construir en ese sitio. Aunque, la revisión de los planos en Buenos Aires determina que, si se quiere edificar según los sueños, se necesitan más metros de frente para ambos edificios. La noticia significa, para los socios del Club, otra vez volver a empezar, ingresar nuevamente en un bucle que parece no terminar. Se cede el predio al banco y se decide salir a buscar otro emplazamiento para el Recreo.

Sin embargo, con Eusebio Goldaracena a la cabeza, todo comienza a moverse a mayor velocidad para la institución. Es así que, a fines de abril de 1904, con la firme decisión de cerrar una etapa, se conforma una comisión especial para resolver todo lo concerniente al proyecto de sede propia. Para junio, ya se dan los primeros pasos:[5] se inician los trámites para obtener la personería jurídica de la sociedad, se decide la compra de un terreno y se aprueban los planos del proyecto de la sede. Gustavo De Deken, Luis Secchi, Luis Clavarino, Emilio Marchini, Eusebio Goldaracena y Juan José Buschiazzo, se vuelven los nombres responsables de que finalmente la institución construya el edificio buscado por décadas.

La necesidad de reunir dinero para darle vida al proyecto hace que los socios que se encuentran presentes en la asamblea de junio decidan iniciar una suscripción de bonos. En un solo día se recaudan $8000, para la noche siguiente contarán con el insólito número de $14.000.[6]

El martes 7 de junio, Felipe, Micaela y María del Pilar Cappanera firman un boleto de compra-venta por $3000, cediendo un terreno ubicado en 25 de Mayo,[7] «entre la casa de don Paulino Savignon y la de la sucesión Appleyard».[8]

Seis meses más tarde, en diciembre de 1904, se convoca a licitación para la construcción del edificio. José Martín calcula que hacer realidad el edificio proyectado costará $ 29.300; Domingo Patriarca se inclina por un monto más bajo y cotiza $26.000. Los Patriarca son viejos constructores locales y conocen bien a sus proveedores, por eso el precio. Los periódicos se anticipan a la decisión final y resaltan que seguramente serán ellos quienes realicen la obra.[9] No se equivocan.

A ese puntapié inicial le siguen dos años de trabajo incansable para levantar los salones y acondicionar el edificio en el que comenzará una nueva etapa para la institución (que se acerca a su primer medio siglo de vida).

A principios de 1907 llegan a la ciudad los muebles encargados para el café[10] (es probable que ya ese año comenzara a funcionar ese espacio). En diciembre de ese mismo año, el vapor Urano trae los muebles para los salones,[11] ya casi está todo listo.

En las páginas de El Noticiero se adelantan a revelar la fecha en que finalmente se abrirán las puertas de la sede propia: 6 de enero.[12] Es que se trata de un acontecimiento único en la historia de la ciudad. Los demás periódicos lo dejan en claro al anunciar cada detalle en sus columnas:

 

Las instalaciones á luz eléctrica tocan a su término, siendo de muy buen gusto la araña central y brazos laterales del salón, como así mismo las instalaciones del Hall.

El salón bajo será habilitado para instalar las mesas para el ambigú, cuyo arreglo comenzará dentro de breves días

El mobiliario del salón, toilet y demás dependencias ha sido contratado en la casa Pampa de la Capital Federal, el que debe ser entregado en la primera quincena del presente mes.

Las alfombras han sido adquiridas de la Tienda San Juan, la que se encarga de su colocación.[13]

 

Todo lo relativo al evento se vuelve noticia de interés para un pueblo expectante, casi no se habla de otra cosa en las calles de Gualeguaychú.

 

Mil novecientos ocho

Apenas comienza el nuevo año y por la ciudad circula una invitación a participar de los festejos preparados por la comisión directiva del Club Recreo para recibir al gobernador de la provincia, el doctor Faustino M. Parera, quien llegará el 5 de enero, junto a una selecta comitiva, para ser parte de la inauguración de la sede institucional.[14]

Que el gobernador visite la ciudad ya es un evento en sí, pero «[l]o que verdaderamente estará soberbio y hará época en este pueblo, será el baile del Recreo Argentino. Sus salones, lujosamente amueblados, se verán poblados esa noche, por lo mas elegante y hermoso que tiene nuestra sociedad en su seno».[15]

Los días previos al baile inaugural, los periódicos locales llenan sus páginas con los nombres de las personalidades que van llegando a Gualeguaychú para participar del evento. Los hoteles y las casas de las familias más reconocidas abren sus puertas para recibir a visitantes de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Paraná, Concordia y otras ciudades de la provincia. La ciudad es una fiesta.

El domingo 5 de enero, alrededor de las diez de la mañana, un tren expreso trae al gobernador Parera, escoltado por una comitiva integrada por los ministros de Gobierno y Hacienda (Luis Leguizamón y Prócoro Crespo); el secretario de la Gobernación (Francisco V. Fernández); y los señores Ramón A. Parera, Manuel C. Leiva, César Menegazzo, Manuel Tezanos Pintos, entre otros. Junto a ellos, vienen también doña María Cané de Parera, Mercedes C. de Menegazza, Fausta Guerra de Garbino; y las señoritas María Mercedes Parera, María Lola Auli y María Luisa Uriburu.[16]

 

La noche del cinco de enero

La calle 25 de Mayo se encuentra totalmente iluminada gracias a las lámparas “Eros” de luz incandescente que ha colocado la usina de gas con motivo del evento.[17] Una caravana formada por los carruajes que conducen a los invitados atraviesa la arteria, mientras una multitud de gente aplaude desde las veredas al gobernador Parera y a las personas que se dirigen al baile inaugural.

Entre las calles Patagonia y Chile se detiene el desfile. Los invitados descienden de los carruajes y se encuentran con el frente del nuevo edificio del Club Recreo, iluminado gracias al esfuerzo de la Empresa de Luz Eléctrica de Gualeguaychú.[18]

La multitud que presencia el acontecimiento es tal, que el gobernador debe asomarse al balcón de la sede social para saludar en reiteradas ocasiones y agradecer los gritos entusiastas de un público que no desea abandonar la escena. Finalmente, es su secretario, Francisco V. Martínez, quien, emocionado, le pide a la gente que se retire y le agradece su aprecio.[19]

A las once de la noche de ese sábado 5 de enero, empiezan a sonar los primeros acordes de una orquesta integrada por quince profesores de Gualeguaychú y Concepción del Uruguay,[20] invitando a los presentes a llenar los salones con su alegría. Allí están los sobrevivientes de la dorada juventud de 1860, de aquellos pipiolos fundadores: Pastor Britos, Rómulo Delgado, Oscar Elías, Marcelino Escalada, Manuel Cepeda, Honoré Roustán, José María Saldarriaga, José María Elías, José Olegario Fernández y Clodomiro Aquino, inundando el espacio con sus voces y sus risas. En ese momento, el Recreo Argentino está alcanzando su máximo esplendor.

El logro no es solo propio de los socios, sino todo un pueblo que acompaña las iniciativas de sus ciudadanos, que se alegra y enorgullece de los emprendimientos ajenos, que celebra el crecimiento colectivo: «el pueblo entero hizo suya la gloria de la jornada, y se regocijó en ver subir su exponente de cultura en tan brillante forma».[21]

Esa noche de principios de siglo XX es testigo de uno de los acontecimientos sociales más importantes que haya vivido el pueblo de Gualeguaychú: el momento en que comienza a respirar un edificio que, con los años, se convertirá en un símbolo de la ciudad.

 

 

[1] El Noticiero (1888). Año X, nro. 1342, pág. 1, col. 4, 7 de agosto.

[2] Hasta entonces, el Recreo funcionaba en salones que alquilaba a la Sociedad Unione e Benevolenza, en la esquina de San Martín y Patagonia (hoy Pellegrini).

[3] Allí, tras anexar un terreno lindero (producto de la sucesión de doña Rosa Clavarino de Sturla), algunos de los miembros del Recreo, junto a otros vecinos de la ciudad, comenzarán a proyectar lo que unas décadas después será el Teatro Gualeguaychú.

[4] En ese lugar, actualmente funciona la Facultad de Bromatología de la Universidad Nacional de Entre Ríos.

[5] Los Principios (1904). Nro. 3451, pág. 2, col. 4, 7 de junio.

[6] Esto demuestra el compromiso y el espíritu emprendedor de los miembros del Recreo.

[7] Entre las calles Patagonia y Chile (hoy Chalup).

[8] El Censor (1904). Año IV, nro. 353, jueves 9 de junio.

[9] El Noticiero (1904). Año XXVI, nro. 118, pág. 2, col. 2, viernes 23 de diciembre.

[10] El Noticiero (1907). Año XXVIII, pág. 3, col. 2, 30 de enero.

[11] Los Principios (1907). Año XIX, nro. 4570, pág. 1, col. 4, 13 de diciembre.

[12] El Noticiero (1907). Año XXVIII, nro. 139, pág. 2, col. 2, viernes 13 de diciembre.

[13] Los Principios (1907). Año XIX, nro. 4570, pág. 1, col. 2, 13 de diciembre.

[14] El Noticiero (1908). Año XXIX, nro. 1, pág. 2, cols. 4 y 5, viernes 3 de enero.

[15] Los Principios (1908). Año XIX, nro. 4576, pág. 1, col. 4, sábado 4 de enero.

[16] El Noticiero (1908). Año XXIX, nro. 2, pág. 2, col. 5, miércoles 8 de enero.

[17] El Noticiero (1908). Año XXIX, nro. 3, pág. 3, col. 5, viernes 10 de enero.

[18] Ídem.

[19] El Censor (1908). Año VII, nro. 959, pág. 1, col. 3, martes 7 de enero.

[20] El Censor (1908). Año VII, nro. 958, pág. 2, col. 1, sábado 4 de enero.

21El Noticiero (1910). Sábado 30 de abril.

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