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Miercoles 22 de Septiembre de 2021

Por favor y gracias

Por favor y gracias

04/08/2021 |Por Waldemar Oscar von Hof (*) Especial para EL ARGENTINO

Por favor y gracias… eran palabras que debíamos repetir de niños cada vez que pedíamos o recibíamos algo de un adulto. Mi abuela materna complementó este imperativo educativo con una pequeña historia. La de una niña que intentaba abrir el portón a un hermoso jardín, primero suavemente, luego con violencia, incluso con palos y fuego, pero el portón empecinadamente no se abría, hasta que la niña prueba con un “por favor” y la entrada se abre mágicamente. El agradecimiento también estaba presente en la educación, mi madre incluso prestaba atención a los diálogos que teníamos entre hermanos y nos recordaba el decir la palabra “gracias” cuando alguno recibía algo.

En la segunda mitad del año reflexionamos en la iglesia sobre la realización del Reino de Dios en el mundo. Las parábolas y los milagros de Jesús nos acompañan en la liturgia domingo a domingo para mostrarnos distintos aspectos de su realización y concretización. Dos domingos seguidos estamos charlando y profundizando sobre la necesidad del pan como alimentación y la oferta de Jesús hecho pan entre nosotros. A partir del milagro de la multiplicación de los panes y de los peces los evangelistas nos transmiten la posibilidad de descubrir la mirada de abundancia y de multiplicación en realidades donde tan solo vemos la carencia, la necesidad y la falta.

Cuentan, los relatores de la vida de nuestro Señor, que se encontraron Jesús con sus discípulos en el medio de la nada, en pleno mediodía, con una multitud que tenía necesidad de un almuerzo, de una comida o al menos de un refrigerio. Algunos arriesgan que eran unas cinco mil personas, contando solamente los hombres, el evangelista Lucas habla de un pueblo que andaba “como ovejas sin pastores”, es decir sin personas, pastores, ministros y/o políticos que se ocupen de sus necesidades. A la pregunta qué hacer, surgieron varias propuestas.

-Despide a la multitud. Sugiere uno.

-Que vayan a comprar a las aldeas y a las granjas cercanas, sugiere otro.

-¡Tendríamos que trabajar varios meses para pagar el pan que deberíamos comprar! Se defiende Felipe.

Al final aparecen cinco panes y dos peces, como un magro y escaso aporte de un niño, en la versión del evangelista Juan. ¿Qué podrían hacer con esto? Entre los discípulos era evidente la angustia, la desesperación y la zozobra por lo poco, lo escaso y la falta de pan para alimentar a todos. Tan solo veían lo que escaseaba, lo que faltaba y lo que no había.

Casi como en un cuadro romántico e idealista Jesús toma este magro aporte y “da gracias a Dios”. Sin dudar da las indicaciones de sentar en grupos a los presentes y comienza a repartirse lo poco que había. En este acto se produce el milagro de la multiplicación de los panes. Los textos no entran en detalle sobre este ‘milagro’, sobre el cual nos gustaría tener más datos para poder replicarlos. Una catequista explicó de este modo la cuestión: “Jesús tenía la capacidad de transformar el pan como nosotros podemos transformar el maíz pisingallo en una olla llena de palomitas de maíz”.

Más allá de buscarle las explicaciones a los milagros, la llave de esta historia está en el hecho de poder agradecer lo mucho o lo poco que hay. Jesús pone su mirada sobre aquello que está a disposición, no posa su mirada en lo carente, en lo ausente o en lo que falta. A partir de esta visión organiza a la muchedumbre y se produce el milagro de que cada uno, seguramente, puso lo poco que tenía a disposición. Unas pocas monedas, un pan, un sándwich y seguramente algún voluntario para comprar algo. Esta suma de poquedades, de lo mínimo y de lo pequeño hizo que todo se transformara en una suma, en una multiplicación y en una fiesta, donde incluso sobraron doce canastas para este nuevo Israel que se estaba gestando con esta acción.

El Reino de Dios no tiene puesta la mirada en lo que falta y en lo que carecemos, nos hace ver aquello que sí hay, en lo poco o mucho que tenemos. Poder agradecer, dar gracias y ser agradecido abre la ventana a la abundancia. No es una ley de mínima, si no precisamente una ley de máxima. El que llega a ver lo que tiene, posee o lo que hay, puede ponerlo a disposición para que ocurra precisamente el milagro de la multiplicación. En algunas comunidades del litoral misionero se celebra el “Jopará” o “Yopará” el 1º de octubre, una comida comunitaria heredada de las tradiciones guaraníticas. En ella cada uno pone lo poco que tiene en su casa y se transforma en una comida abundante que ayuda a pasar el tiempo de carencia hasta que llegue la producción del verano. El padre Julián Zini cura, chamamecero y poeta correntino, afirmaba que esta es la expresión cabal de lo que es el Reino de Dios.

 

(*) Waldemar Oscar von Hof es pastor de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata.

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